Realidad vs ficción

Muchos autores escriben libros con características propias de las memorias, pero no los definen como tales. En la mayor parte de los casos son ensayos autobiográficos, como por ejemplo el best-seller Me Dijeron Que Habría Pastel, de Sloane Crosley.
Dan Fante revive su vida ante sus lectores, pero aún así sus libros se encuentran bajo la categoría de ficción. ¿Si recopilas anécdotas de etapas dispares y con todas ellas estructuras una sola historia, entonces no se le llama memoria, sino ficción? No se trata de eso exactamente. Lo que ocurre es que lo que escribe Dan Fante puede considerarse realismo sucio, que se caracteriza, entre otras cosas, por su falta de resolución y ausencia de reflexiones, elementos de vital importancia en una memoria al uso.

De todas formas, es difícil que las memorias no contengan cierta parte de ficción. Al fin y al cabo, lo que recordamos rara vez es exactamente lo que ocurrió en realidad. Nuestra mente distorsiona los hechos con el paso del tiempo; la prueba está en que cuando se comenta una anécdota en grupo, cada persona recuerda una versión ligeramente diferente de lo sucedido.
Es normal que modifiquemos las conversaciones a propósito, reduciéndolas a las partes que ayudarán a que nuestra historia avance.
Muchos autores de memorias, además, suelen alterar el orden de los acontecimientos porque consideran que así funcionan mejor en papel.

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Por mucho que lo intentemos, nunca conseguiremos que nuestras memorias sean fieles a la realidad al cien por cien. Tengamos en cuenta que nuestro deber es cambiar los nombres de todos los personajes, con el fin de proteger las identidades de las personas de las que hablemos. En ocasiones incluso será conveniente que hagamos lo mismo con locales, ciudades, etc.
Hay quienes van más lejos y crean un personaje a partir de una mezcla de características de diversas personas reales; o quienes, entre anécdota y anécdota, rellenan huecos con algo que no sucedió realmente. Si consideras esto último, ten en cuenta que en caso de que tu memoria llegue a venderse, correrás el riesgo de ser descubierto; y no sería ni la primera ni la última vez que ocurriera.

Se mire por donde se mire, realidad y ficción siempre van unidas de alguna forma. Para muestra, un botón; esto es lo que dijo Gabriel García Márquez sobre la realidad: “lo más lejos a lo que he podido llegar es a transponerla con recursos poéticos, pero no hay una sola línea en ninguno de mis libros que no tenga su origen en un hecho real”.

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Dado el caso, ¿hasta dónde estarías dispuesto a llegar para vender tu libro?

Digamos que has escrito una memoria digna de ser leída y llega el momento de lanzarla al mercado, ya sea valiéndote de la distribución que una editorial te proporciona o de tus dotes comerciales después de decidir tomar la ruta de la autopublicación.
¿Qué estás dispuesto a hacer para darla a conocer, para incrementar sus ventas?

El otro día reservé Rontel, la última novela de Sam Pink. Lo hice a través de la web de Electric Literature (la editorial) que nada más recibir mi pago me envió este e-mail:

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Por si alguien no habla inglés, lo que viene a decir es que en San Valentín (día de su lanzamiento) recibiré una edición especial de Rontel en formato Kindle y ePub que incluirá el número de teléfono del autor. Si le mando un sms, él me responderá con otro de carácter sexual a modo de parodia tal que así:

"¡Feliz San Valentín! Estoy tocándome mientras pienso en ti... cortado por la mitad y abandonado en mitad de un bosque".

“¡Feliz San Valentín! Estoy tocándome mientras pienso en ti… cortado por la mitad y abandonado en mitad de un bosque”.

Supongo que la editorial realmente no cree que ofrecer a sus clientes potenciales la posibilidad de recibir un sms jocoso de un autor underground como Sam Pink vaya a proporcionarle más ventas. Pero sí me parece que sabía de sobra que con ello daría mucho que hablar, generando multitud de artículos que se traducirían en publicidad gratuita.
Aunque algo que en principio es tan poco llamativo como ofertar el móvil de Sam Pink (en realidad ni siquiera será el suyo, en su blog indica que la editorial le enviará un teléfono) de por sí no ayude a vender libros, sí lo hace la peculiaridad de la noticia, que al propagarse por todo internet aumenta las probabilidades de que la editorial logre llegar hasta alguien que vea más allá de lo curioso de su estrategia y acabe por interesarse en su producto.
Yo misma no supe de la existencia del autor que nos ocupa hasta que leí en el Huffington Post una de esas noticias en las que se hablaba de la posibilidad de recibir un sms suyo al hacer un preorder de su última novela; paradójicamente, la primera para Electric Literature, que hasta el momento solamente había publicado antologías. Después de echarme unas risas con el artículo, decidí indagar un poco. Acabé leyendo un fragmento de Rontel (la novela promocionada) en la web de la editorial y, como veis, aquello me llevó a reservarla. He aquí una prueba fehaciente de que el truco funciona; no sé en qué medida, pero funciona.

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El mes pasado me encontré de golpe con otro par de formas de promoción un tanto inusuales:

Me llamó la atención la idea de la editorial Que Vayan Ellos para conseguir más seguidores en su página de facebook y, a su vez, obviamente, incrementar las probabilidades de llegar a más usuarios interesados en solicitar sus servicios. Y es que se trata de una editorial de autoedición; tú les dices cuántos números quieres (de tu novela, memoria, poemario, o lo que se tercie) y vas pensando en cómo distribuirlos por tu cuenta, mientras ellos (previo pago) se encargan de la manufactura.
Bien, pues susodicha editorial dio con una forma bastante buena de publicitarse. Por hacer click en el botón de “Me gusta” de su página de facebook, entrabas en un sorteo. Si resultabas ganador, te editaban cincuenta libros de forma gratuita (siendo su precio en condiciones normales de cuatrocientos euros). Si publicabas la promoción en tu muro y conseguías que más gente participara (es decir, que más gente se uniera a su página, proporcionando más visibilidad a la empresa) tenías más papeletas para resultar agraciado en el sorteo. Y a nivel promocional les fue bastante bien, porque a cambio de esos cincuenta ejemplares gratuitos para el ganador, consiguieron repartir cerca de mil doscientas papeletas, lo cual viene a indicar que gracias al sorteo, la página de la editorial creció notablemente en número de seguidores.

Precisamente a través de un hilo de comentarios en el facebook de la página de esta editorial descubrí a Sergio, autor de la trilogía Soy Un Gusano. A él la crisis, lejos de frenarlo, lo empujó a perseguir sus sueños. Apostó por la escritura autopublicando y lanzándose a la calle para vender su obra de puerta en puerta. Ya lleva unos dos mil ejemplares colocados.

Ya ves que en el cada vez más competitivo mundo de la literatura, el límite a la hora de promocionarse lo pone uno mismo.

El conflicto y otras claves para escribir una memoria efectiva

Para que una memoria sea efectiva, lo suyo es…

  • Despertar empatía en el lector.
  • Dejar clara la meta que perseguíamos a lo largo de las vivencias narradas. Puede ser material (dinero, por ejemplo) o abstracta (realización personal, mismamente).
  • Destacar nuestras cualidades más características para evitar convertirnos en un personaje ordinario.
  • Mostrar nuestras dudas, contradicciones y puntos débiles. En una buena memoria no tienen cabida los personajes planos.
  • Eliminar las escenas irrelevantes. Cuando en una escena no le proporcionamos al lector pistas sobre lo que pasará más adelante, no damos a conocer ningún aspecto sobre nosotros o el resto de personajes, ni avanzamos en la trama… entonces es momento de desecharla por mucho que nos guste.
  • Ceñirnos únicamente a las descripciones que sean relevantes.
  • Incluir como mínimo dos puntos de giro; uno al comienzo y otro al final. Parece obvio, pero muchas veces, al escribir sobre hechos reales, tendemos a descuidar la estructura. Con el primer punto de giro lanzaremos al lector al desarrollo de nuestro conflicto, mientras que con el último lo haremos testigo del momento que nos llevó a la resolución de la historia narrada.

No olvides que, al igual que la ficción, las memorias necesitan susodicho conflicto. Sin él la historia será estática, y lo que queremos es que haya movimiento. Así que piensa en los conflictos que te surgieran durante la etapa de la que quieras hablar y en cómo se resolvieron. Reflexiona sobre las oposiciones que te impedían alcanzar tus objetivos de primeras y nárralas.

Holding fence

El conflicto no tiene por qué ser algo épico, puede reducirse a algo tan simple como sobreponerse a un sentimiento negativo. Existen dos tipos de conflicto: el interno y el externo. El interno se ocupa de los pensamientos, sentimientos… en definitiva, de todo lo que pasa por nuestra mente; mientras que el externo se centra en las acciones y acontecimientos. Lo ideal es alternarlos a lo largo de toda la memoria, sin dar prioridad a uno sobre el otro. Intenta que haya un balance equitativo.
Debes centrar tu memoria en una época en la que tu vida se viese alterada, en la que los acontecimientos llegaran a sobrepasarte y una serie de elementos se opusieran a que solucionaras la situación. De esta forma te asegurarás de que se mueva.

Es importante que a lo largo del libro vayas mostrando tus reflexiones con respecto a lo narrado/vivido; has de emitir un juicio. No es necesario que tu postura sobre la temática a tratar esté clara de principio a fin, pero sí que muestres cierta predisposición para conseguir definirla.
Tienes que compartir con tus lectores las preguntas que te haces y los pensamientos que atraviesan tu mente cuando rememoras todo lo que les estás contando. Lo ideal es que te abras a ellos emocional e intelectualmente hablando. Parte de la gracia de una memoria radica en observar cómo su autor se esfuerza para comprender su pasado.
Lo más relevante de analizarte ante tu audiencia es la posibilidad que te brinda de encontrar tu voz. Además, la reflexión activa ayudará a que tu historia no caiga en la neutralidad y el aburrimiento.

Antes de empezar a escribir…

Antes de ponerte manos a la obra con tu memoria, pregúntate lo siguiente:

-Cuál es tu motivación para escribirla
-Si realmente necesitas escribirla
-Si crees en ella
-Qué temas tratará, en qué etapa o etapas de tu vida se centrará
-Qué personas/hechos del pasado ocupan tu mente
-Si a partir de tus vivencias podrás crear una trama
-Si tu historia se mueve o por el contrario es estática (lo cual no es válido)
-Qué te ha formado o supuesto un reto en el pasado
-Si el mundo de tu historia es objetivamente interesante
-Qué está en juego a lo largo de tu historia
-Si este algo será fácil de entender para tus lectores
-Si habrá sorpresas
-Cuál será su estructura (una historia completa o fragmentada en una serie de narraciones cortas, por ejemplo)
-Si será de cariz dramático, humorístico…
-Si relatarás los hechos en orden cronológico o no
-Aparte de ti, qué otros personajes principales aparecerán
-A qué público estará destinada en caso de decidir publicarla

Es posible que, pese a creer en tu historia, pienses que a nadie más le va a interesar por ser tú un don nadie. Pero lo cierto es que las mejores memorias no las escriben famosos.
A Nancy Mairs (una escritora americana desconocida en España, pero que goza de cierta popularidad en Estados Unidos), la reputada personalidad que impartía un taller literario al que asistía le dijo que sus memorias no se podían leer, aunque de ser famosa eso no importaría a la hora de vender libros. Desanimada ante tal crítica, Nancy abandonó su ambición pensando que no tenía sentido seguir escribiendo. Sin embargo, al cabo de un tiempo decidió olvidarse de aquello y retomó la escritura. ¿El resultado? Remembering The Bone House, una exitosa memoria, entre otros trabajos. Este es un claro ejemplo de tantos que nos muestra que no es necesario ser famoso para generar interés por nuestras vivencias, y que una simple crítica subjetiva no debe frenarnos.

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Al principio también conviene tener en cuenta lo siguiente:

No hay que acelerar el proceso. Saber escribir no nos hace automáticamente capaces de redactar lo que queremos. El proceso de aprendizaje lleva su tiempo; asúmelo.
Cuando empieces posiblemente no te gustará nada de lo que escribas; pero ojo, esto no significa que sea una basura, a todo el mundo le pasa. Un escritor siempre es su mayor crítico.
Aunque la idea de borrarlo todo ante la frustración sea tentadora, no te precipites; deja reposar tus textos y vuelve a leerlos o a corregirlos dentro de un tiempo. Si entonces siguen sin convencerte, en ese caso, y solo en ese caso, no dudes en desecharlos para volver a empezar.
Si te impacientas cuando lees y relees lo que ya has escrito es porque no te estás sumergiendo en el proceso de reflexión necesario para escribir una memoria. Arriésgate, introdúcete de lleno en tu historia, déjate llevar, experimenta; ya pensarás en hacia dónde está yendo más adelante, para corregir siempre habrá tiempo más adelante.

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