El conflicto y otras claves para escribir una memoria efectiva

Para que una memoria sea efectiva, lo suyo es…

  • Despertar empatía en el lector.
  • Dejar clara la meta que perseguíamos a lo largo de las vivencias narradas. Puede ser material (dinero, por ejemplo) o abstracta (realización personal, mismamente).
  • Destacar nuestras cualidades más características para evitar convertirnos en un personaje ordinario.
  • Mostrar nuestras dudas, contradicciones y puntos débiles. En una buena memoria no tienen cabida los personajes planos.
  • Eliminar las escenas irrelevantes. Cuando en una escena no le proporcionamos al lector pistas sobre lo que pasará más adelante, no damos a conocer ningún aspecto sobre nosotros o el resto de personajes, ni avanzamos en la trama… entonces es momento de desecharla por mucho que nos guste.
  • Ceñirnos únicamente a las descripciones que sean relevantes.
  • Incluir como mínimo dos puntos de giro; uno al comienzo y otro al final. Parece obvio, pero muchas veces, al escribir sobre hechos reales, tendemos a descuidar la estructura. Con el primer punto de giro lanzaremos al lector al desarrollo de nuestro conflicto, mientras que con el último lo haremos testigo del momento que nos llevó a la resolución de la historia narrada.

No olvides que, al igual que la ficción, las memorias necesitan susodicho conflicto. Sin él la historia será estática, y lo que queremos es que haya movimiento. Así que piensa en los conflictos que te surgieran durante la etapa de la que quieras hablar y en cómo se resolvieron. Reflexiona sobre las oposiciones que te impedían alcanzar tus objetivos de primeras y nárralas.

Holding fence

El conflicto no tiene por qué ser algo épico, puede reducirse a algo tan simple como sobreponerse a un sentimiento negativo. Existen dos tipos de conflicto: el interno y el externo. El interno se ocupa de los pensamientos, sentimientos… en definitiva, de todo lo que pasa por nuestra mente; mientras que el externo se centra en las acciones y acontecimientos. Lo ideal es alternarlos a lo largo de toda la memoria, sin dar prioridad a uno sobre el otro. Intenta que haya un balance equitativo.
Debes centrar tu memoria en una época en la que tu vida se viese alterada, en la que los acontecimientos llegaran a sobrepasarte y una serie de elementos se opusieran a que solucionaras la situación. De esta forma te asegurarás de que se mueva.

Es importante que a lo largo del libro vayas mostrando tus reflexiones con respecto a lo narrado/vivido; has de emitir un juicio. No es necesario que tu postura sobre la temática a tratar esté clara de principio a fin, pero sí que muestres cierta predisposición para conseguir definirla.
Tienes que compartir con tus lectores las preguntas que te haces y los pensamientos que atraviesan tu mente cuando rememoras todo lo que les estás contando. Lo ideal es que te abras a ellos emocional e intelectualmente hablando. Parte de la gracia de una memoria radica en observar cómo su autor se esfuerza para comprender su pasado.
Lo más relevante de analizarte ante tu audiencia es la posibilidad que te brinda de encontrar tu voz. Además, la reflexión activa ayudará a que tu historia no caiga en la neutralidad y el aburrimiento.

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