Por qué formarse online

Aunque este blog esté dedicado principalmente a la escritura autobiográfica, a estas alturas ya habréis podido observar que de vez en cuando me tomo la libertad de incluir otros temas relacionados con la literatura. Lo hago por dos razones: la primera es que me da la posibilidad de ofrecer más cantidad de contenidos (algo imprescindible cuando se pretende postear con asiduidad) y, la segunda, que me consta que no todo el que me sigue está especialmente interesado en las memorias, sino que simplemente se siente atraído por la escritura en general.
Dicho esto, hoy me dispongo a hablar de las ventajas de la formación online. Y es que tenemos a nuestra disposición multitud de cursos de escritura en la red de redes. Unos cuantos dedicados a la escritura autobiográfica; otros tantos a la redacción y el estilo; algunos a las técnicas de promoción; y, la mayoría, a la escritura creativa.

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El precio de los talleres presenciales puede llegar a alcanzar precios desorbitados, que a mi parecer están desproporcionados si tenemos en cuenta el escaso tiempo de clase destinado a cada uno de los alumnos. El tiempo de dedicación en los cursos online, por lo que he podido comprobar en mi experiencia personal, paradójicamente está mejor distribuido.
Otra ventaja nada desdeñable de la formación online es la de lidiar en menor medida con la figura del escritor endiosado que, por desgracia, suele monopolizar las clases o, en los casos más extremos, desprestigiar a la competencia para que nadie le arrebate su pedestal. Hace un mes leí un excelente artículo que en el cual su autor, muy acertadamente, se refería a esta última práctica como Santa Inquisición Literaria.
También es destacable el poder acceder a clases de profesionales concretos sin importar dónde se encuentre uno. Por ejemplo, Witcamp (innovadora escuela online con la que he tenido la grata experiencia de realizar cursos sobre diversas materias) actualmente tiene en su catálogo un interesante videocurso impartido por el escritor José Luis Galar que es ideal para todo aquel que necesite apoyo básico a la hora de lanzarse por fin a escribir esa historia de ficción que tiene en el tintero y no se atreve a sacar. Si menciono esta escuela en concreto, aunque por el momento solamente disponga de un curso literario (démosle tiempo, son bastante nuevos) es porque pienso que el modelo de clase únicamente basado en el texto, en esta era en la que prima lo interactivo, se ha quedado desfasado. Como ya comentaba hace un par de semanas, el mundo literario está cambiando a pasos agigantados y es esencial que todas las empresas (ya no solo las editoriales, sino también las formativas) se adapten a los tiempos que corren.

Cómo empezar a escribir y qué tener en cuenta a nivel personal

La premisa:

Cuando escribas una memoria debes procurar no perder de vista la premisa de la historia. Si, por ejemplo, inicialmente habías decidido dedicar tu memoria al año sabático que te tomaste para dedicarte a viajar por el mundo sin rumbo fijo, en mitad de la historia no puedes cederle el protagonismo a la historia de amor que te surgió en el camino.
Aunque es positivo que una memoria abarque tanto tramas principales como subtramas, hay que saber diferenciarlas. No puedes detener la historia principal de tu memoria para dedicarte a escribir sobre una secundaria; tienes que aprender a introducir temas secundarios sin que resten protagonismo al principal desviando la narración.

El planteamiento:

Al igual que en la ficción, nuestra memoria comienza con un planteamiento. En el planteamiento mostramos cómo transcurre nuestra vida hasta encontrarnos con un desencadenante que logra trastocarla (si estamos escribiendo nuestras memorias, asumo que es porque en algún momento algo significativo irrumpió en nuestra vida con numerosas consecuencias). No confundamos el desencadenante con el primer punto de giro, El desencadenante hace que el lector se pregunte qué pasará, mientras que el punto de giro confirma sus sospechas. El punto de giro es ese momento irreversible que cambió de rumbo nuestra vida y ahora nos lleva a escribir sobre ella 😉

¿Principio estático, o con movimiento?:

Podemos utilizar un principio estático o un principio con movimiento. En un principio estático nos tomamos la narración con calma; presentamos al personaje, describimos el tiempo, el lugar en el que se desarrolla la historia… En un principio con movimiento, sin embargo, entraremos de lleno a la acción; permitiremos que el lector vea lo que está ocurriendo desde el comienzo y le obligaremos a hacerse preguntas sobre lo que está pasando.

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Comenzar con una presentación:

Tenemos la opción de abrir la historia presentando a un personaje. No es necesario que lo hagamos describiendo su físico y su carácter; de hecho es mucho más eficaz presentarlo en acción y dejando que el lector saque sus propias conclusiones.
También es posible empezar hablando de un sitio que esté estrechamente ligado a la historia. Podemos limitarnos a describir el lugar estáticamente, o señalando sus caracterísiticas a medida que nuestro personaje vaya avanzando por el mismo.

El arte de la autocrítica:

No estés tentado de incluir todo lo vivido en la etapa abarcada por tu memoria. Hay que aprender a dejar material fuera, ya sea porque no case como debería o porque a tus lectores pueda no resultarles tan interesante como a ti. Una vez más, incido en la importancia de ser objetivo. Si te da lástima desechar ciertos fragmentos, entonces no lo hagas; guárdalos pensando que quizá puedas darles otro uso en un futuro, pero no los incluyas en tu libro. Eso sí, habrá muchas partes de tu obra que no serán excesivamente emocionantes pero que, sin embargo, te servirán para mostrar tu personalidad y encontrar tu voz. Discernir lo prescindible de lo que no lo es puede parecer complicado en un principio, pero con el tiempo, la práctica, y unas cuantas revisiones de tu narración, acabará por quedarte claro.

El miedo al fracaso:

Muchas veces no nos podemos a escribir, o dejamos la tarea a medias por miedo a caer en la mediocridad, a descubrir que no somos capaces de hacerlo tan bien como pensábamos que lo haríamos.
En ocasiones hablamos por los codos de nuestros proyectos, pero nunca los completamos; a veces ni siquiera los empezamos. Esto ocurre porque al mencionar lo que vamos a hacer, recibimos una recompensa inmediata (ya sea porque solo por el hecho de tener un proyecto ya nos sentimos realizados, o porque al compartirlo inmediatamente recibimos un feedback positivo de los demás) y esto es contraproducente. Nuestro deber es acostumbrarnos a sentirnos satisfechos por el trabajo que nos ayudará a conseguir logros a largo plazo, y no al momento. Es la única forma que tendremos de alcanzar nuestro objetivo.

Literatura 2.0

A estas alturas ya es un hecho conocido que internet abre muchas puertas. Lo que todavía no se tiene tan en cuenta es que las oportunidades no solo vienen de la mano de portales de empleo. Y es que, si escribes, las redes sociales y los blogs serán tu mejor carta de presentación, ya que no son pocos los editores que analizan nuestro comportamiento en la red para decidir si merece la pena dedicarle tiempo a la lectura de nuestros manuscritos. Definitivamente, la dinámica del mundo literario ha cambiado.

Por poner un ejemplo entre cientos: J.K. Rowling, la autora de la saga de Harry Potter, fue rechazada catorce veces antes de que, por fin, la editorial Bloomsbury decidiese darle una oportunidad. Pero no todos los autores son tan tenaces, por lo que bastantes deciden optar por la autopublicación mucho antes de llegar a los catorce rechazos.
Recomiendo encarecidamente la lectura del artículo de la CNN enlazado a continuación que habla de los éxitos cosechados por autores que optaron por saltarse el paso de la aprobación de las editoriales para publicar y vender a través de Amazon.

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A pesar de que a las editoriales nunca les faltan manuscritos de autores deseosos de ser publicados, empiezan a ser conscientes del punto de vista del escritor medio. Por eso, los editores cada día se prestan más a participar en proyectos que se alejan de la mecánica establecida. Y es que, dada la reciente transformación del negocio literario, ya no es siempre el autor el que va en busca de alguien que le publique.

Tregolam está a punto de abrir una plataforma que dará a editoriales invitadas (todas convencionales, la autoedición no tiene cabida en el proyecto) acceso a las obras de todo autor que quiera formar parte de ella y esté dispuesto a pagar una cuota. En definitiva, se trata de una especie de red social literaria de pago que pondrá en contacto a autores con editoriales.
Otro ejemplo de red social dedicada al escritor y ya establecida es la creada por Random House Mondadori: megustaescribir.com, que cada trimestre admite obras que son valoradas por los lectores y, posteriormente, por la editorial.

Otra atractiva alternativa es la de publicar tu libro en internet utilizando PressBooks, un servicio gratuito similar a WordPress, pero orientado a libros en lugar de a blogs.
No olvidemos los casos de gente que ha logrado despertar el interés de las editoriales a raíz del éxito de sus publicaciones en internet.

La importancia de dosificar la información y otras pautas a seguir

Partamos de la base de que como cualquier personaje de ficción, nosotros aspiramos a algo. Nuestra historia girará en torno a ese algo. Antes de alcanzar nuestro objetivo, tropezaremos con un montón de contratiempos (de lo contrario no tendríamos una historia que contar). Lo bueno es que, a diferencia de los escritores de ficción, nosotros ya tenemos la historia escrita, metafóricamente hablando. Aún así, ordenar nuestras experiencias y plasmarlas en papel de forma adecuada sigue siendo todo un reto, ¿verdad?.

Seremos los protagonistas de nuestros libros; ya lo sabemos todo sobre nosotros y sobre las historias que queremos contar. Una memoria difiere mucho de una obra de ficción en este sentido: ya no hay nada con lo que podamos sorprendernos a nosotros mismos a la hora de escribir. El hecho de saber de antemano todo lo que vamos a incluir en nuestra obra puede llevarnos a querer soltarlo todo de una. Pero debemos aprender a dosificar la información, a mantener en vilo al lector tal cual haríamos con una historia ficticia.

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Tenemos que mostrarle nuestro crecimiento de forma progresiva. Es como si fuéramos desnudándonos ante él poco a poco. No sintamos la tentación de enseñárselo todo de una; conservemos el misterio, la inquietud y la emoción.

Para empezar podemos desvelar algún rasgo característico nuestro que se repita a lo largo de toda la historia, un patrón constante pero que vaya desarrollándose a lo largo de la misma. Esto ayudará a crear en el lector la sensación de que nos conoce.
Debemos separar nuestros rasgos en dos categorías diferentes: principales y secundarios. Nuestro cometido será mostrar el desarrollo de los principales a lo largo de toda la historia.

Para que nuestra personalidad quede bien definida, es conveniente que incluyamos partes en las que nos relacionemos con los demás personajes, básicamente para marcar el contraste de personalidades. En la mayoría de historias, los personajes secundarios son importantes, pero no debemos dejar que nos eclipsen a nosotros, los principales.
Por detrás de los secundarios estarán los figurantes, que pese a no ser para nada relevantes en lo referente a la trama, en ocasiones sí que desempeñan un papel importante a la hora de ambientar las historias. Es preferible que no seamos demasiado explícitos. Si un personaje es inseguro, no lo digamos tal cual. Es mejor dejar que el lector (que no es tonto) lo deduza por sí mismo cuando se lo mostremos mediante alguna conversación o situación. Vamos, la clásica máxima del “mostrar, no contar”. No obstante, es aconsejable combinar de forma dinámica las escenas con resúmenes para evitar aburrir; un libro compuesto exclusivamente de escenas sería duro de leer. Los resúmenes son especialmente útiles a la hora de proporcionar información sobre personajes secundarios o al hablar de rasgos nuestros que no sean excesivamente relevantes.

Fotos de autores que no te dejarán indiferente

¿No sabes cómo posar para la típica foto del jacket cover de tu libro? Pues he aquí unas cuantas ideas:

No establecer contacto visual, actuar como si tuvieras cosas más importantes que hacer, incluir gatos para que la foto triunfe en internet, representar bien a tu co-autor, practicar tu mirada de rayo láser, emocionar a los lectores con una imagen de acción, optar por una caricatura personal si se es tímido, posar con el dedo índice en la oreja, mostrar cómo se usa un libro, lucir una cara inocente, presumir si lo mereces y posar en plan campaña electoral.

No establecer contacto visual, actuar como si tuvieras cosas más importantes que hacer, incluir gatos para que la foto triunfe en internet, representar bien a tu co-autor, practicar tu mirada de rayo láser, emocionar a los lectores con una imagen de acción, optar por una caricatura personal si se es tímido, posar con el dedo índice en la oreja, mostrar cómo se usa un libro, lucir una cara inocente, presumir si lo mereces y posar en plan campaña electoral.

Pero pese al impagable humor involutario de este repertorio, yo me sigo quedando con la foto de Hubert Selby Jr. en Réquiem por un sueño, que era una versión en blanco y negro de esta imágen suya con una ninfa en el hombro y cara de satisfacción:

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Pertenece a una serie de 1988, obra de Ilse Ruppert, afamada fotógrafa que retrató a multitud de escritores, músicos y actores en la pìntoresca década de los ochenta.

Atractivos, falsas creencias y la importancia de una buena estructura

Quien escribe sobre su vida comparte con sus lectores cosas que el común de los mortales se guardaría; crea en ellos cierta sensación de complicidad al conseguir que se sientan como si se les estuviese hablando directamente. La cercanía que transmiten las memorias no es equiparable a la de ninguna obra de ficción.
Otro atractivo de las memorias radica en que su contenido es indiscutible. Lo que se narra es una realidad, por muy increíble que pueda llegar a parecer (es bien sabido que la realidad, en infinidad de casos, supera a la ficción). Ese sentimiento de que lo leído es poco factible no tiene cabida en el género. Los autores de memorias tienen allegados con los que compartieron las experiencias que leemos, con lo cual les es imposible mentir sin ser descubiertos.
Además se trata de un género muy amplio, ya que una memoria puede hablar sobre cualquier tipo de experiencia vital. Mientras que algunas destacan por su valor histórico -como, por ejemplo, la Trilogía de Auschwitz, del superviviente Primo Levi- otras simplemente se limitan a entretenernos durante un rato -como Diario de una Stripper, de la afamada guionista Diablo Cody-.

Pero no todas las razones para escribir memorias son igual de atractivas. Y es que este género, al igual que el de la ficción, no es nada sin buenas estructuras. Con el auge de los blogs y el desconocimiento de la memoria que existe en España, tendemos a crearnos una idea equivocada. Escribir una memoria difiere completamente de escribir, por ejemplo, un blog de temática personal. Al mostrarse los autores de memorias tan próximos al lector en sus líneas, uno llega a tener la sensación de que se escribieron sin esfuerzo, pero para nada es así. No hay que confiarse; que de antemano conozcamos el contenido de lo que será nuestra obra, no significa que nuestra tarea consista en teclear anécdotas sin esfuerzo tal cual nos parezca. La importacia de dotarla de una buena estructura será vital.
Los lectores se quedan con las anécdotas y la estructura a menudo pasa desapercibida porque a priori no es igual de tangible, pero lo cierto es que una sucesión de anécdotas escritas sin ton ni son, por muy llamativas que sean, no valen nada. Es necesario saber cómo encajar todas las piezas para crear una narración competente.

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Para experimentar con la estructura y desvelar sus misterios, antes de sumergirse de lleno en la escritura de una memoria, es aconsejable ir trabajando en pequeños ensayos autobiográficos; de una longitud de entre 900 y 1500 palabras más o menos. En este caso debemos ser capaces de centrarnos en una sola experiencia muy concreta para cada uno de ellos, sin ramificaciones que puedan llevarnos a distanciarnos de la temática a tratar. Tenemos que ser capaces de exponer el asunto escogido de forma ordenada en la extensión que nos hemos propuesto. Es posible que al principio pensemos que vamos a centrar el ensayo en un tema y acabemos necesitando volver a empezar porque a mitad de camino nos percatemos de que realmente queremos escribir sobre otro. No pasa nada; si en un momento dado vemos que el contenido del texto está alejándose demasiado del que teníamos en mente inicialmente, entonces es preferible comenzar de nuevo con la finalidad de enfocar el texto de otra forma.

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