Temática, tono, influencias, puntos fuertes…

En el último post hablaba brevemente de la perspectiva desde la que se escribe una historia. Y es que al escribir, más que sobre la temática, conviene pensar en el ángulo de la misma. Dos personas pueden escribir una historia de amor; la de una puede ser empalagosa y la de otra ácida; el tema principal será el mismo, pero la forma de tratarlo no se asemejará en nada.
Tanto para encontrar la temática como para averiguar qué cariz es el adecuado puedes hacer un breve ejercicio que consiste en escribir lo que en ese momento piensas que podría ser el último párrafo, o hablar de tus dudas sobre la memoria que quieres escribir con alguien; ni siquiera es necesario que la otra persona te escuche, tan solo con decir lo que piensas en voz alta en ocasiones verás las cosas un poco más claras.

Elegir bien el tono de tu memoria y ceñirte a él es increíblemente importante. En la escritura, así como en la conversación, éste puede ser pedante, sarcástico, amargo, alegre… Sea cual sea, es imprescindible que lo mantengas sin desviarte. Si estás escribiendo en clave de comedia no puedes permitirte que la cosa se ponga demasiado seria al tocar temas más duros.
Si escribes un párrafo que refleja fielmente el tono con el que quieres continuar, recórtalo y ponlo en un lugar visible para poder releerlo cuando sientas que estás perdiendo la orientación. También es recomendable leer algo del estilo de lo que pretendes escribir antes de sentarte a hacerlo, puesto que inconscientemente te quedarás con él y se reflejara en tu trabajo aunque no te lo propongas.

Confirmado: lo que lees te influye a la hora de escribir.

Confirmado: lo que lees te influye a la hora de escribir.

Conforme aprendes a escribir memorias, identificas cuáles son tus puntos fuertes y tus puntos débiles. Igual te encuentras con que escribes muchísimas escenas porque es lo que mejor se te da y, por tanto, lo que más disfrutas. Pero debes esforzarte por hacer hincapié en aquello que no dominas tanto con el fin de mejorarlo. Lo que hace de tu memoria una buena historia es la combinación de todos los elementos; haciendo uso únicamente del que mejor dominas difícilmente lograrás enganchar al lector. Con la práctica aprenderás a combinarlos sin tan siquiera pensarlo.

Puntos clave de la memoria y del ensayo personal

A veces nos percatamos de la existencia de algún sentimiento o hecho importante de una forma un tanto extraña. Puede que sea la clave de nuestra memoria y, sin embargo, no sepamos cómo narrarlo porque no entendemos por qué aquello afloró justo en el preciso instante en que lo hizo y al ir a plasmarlo en papel no sepamos cómo presentarlo. La solución es escribir sobre ello hasta encontrar una explicación, no hay ningún inconveniente en dejar claro que mucho de lo que hemos vivido escapa a nuestro entendimiento. El lector de memorias busca leer algo personal y real, al fin y al cabo, no una historia perfectamente orquestada; se mostrará comprensivo ante nuestras dudas. Más que de presentar una historia se trata de compartir con los demás el impacto que una serie de acontecimientos tuvieron sobre nosotros.

memoria-y-ensayo

Pero debemos tener en cuenta que, mientras que en una memoria podemos hacer partícipe al lector de nuestras digresiones, en un ensayo hay que tener todas las incógnitas resueltas y ordenadas en la cabeza antes de ponerse a escribir, ya que al contar con una extensión reducida no se nos permite irnos por las ramas con la introspección. Aún así, en un ensayo la clave de la historia debe ser revelada hacia el final. Si la desvelamos antes lo destrozaremos. Puesto que el ensayo es breve, hay que procurar mantener al lector en vilo todo el tiempo. A susodicha clave la sigue muy de cerca la resolución. Pero no nos basta con comunicar al lector que nos hemos dado cuenta de algo, sino que tenemos que demostráselo con acciones.

Pero, pese a la brevedad del ensayo, debemos preocuparnos de recrearnos cuanto sea necesario en la narración. No tenemos margen suficiente para explorar toda nuestra mente en papel, pero sí para introducir las florituras requeridas para que el lector pueda considerarla atractiva. Dos personas pueden contar la misma historia, pero habrá quien narre los hechos como quien cuenta una anécdota yendo en el metro, y habrá quien se preocupe de estructurarla, mimarla y hacerla atractiva para el receptor. Muchas veces la importancia no radica en lo que se cuenta, sino en cómo se cuenta. Hay un montón de historias con la misma base; por ejemplo, ¿no viene a ser West Side Story una versión contemporánea de Romeo y Julieta?. Pocas temáticas novedosas nos quedan por desarrollar a estas alturas. Sin embargo, se siguen escribiendo libros y rodando películas constantemente porque los autores saben tratar las historias desde perspectivas muy diferentes, tanto que logran transformarlas por completo creando algo original pese a compartir características con algo que ya existía desde hacía tiempo.

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