Puntos clave de la memoria y del ensayo personal

A veces nos percatamos de la existencia de algún sentimiento o hecho importante de una forma un tanto extraña. Puede que sea la clave de nuestra memoria y, sin embargo, no sepamos cómo narrarlo porque no entendemos por qué aquello afloró justo en el preciso instante en que lo hizo y al ir a plasmarlo en papel no sepamos cómo presentarlo. La solución es escribir sobre ello hasta encontrar una explicación, no hay ningún inconveniente en dejar claro que mucho de lo que hemos vivido escapa a nuestro entendimiento. El lector de memorias busca leer algo personal y real, al fin y al cabo, no una historia perfectamente orquestada; se mostrará comprensivo ante nuestras dudas. Más que de presentar una historia se trata de compartir con los demás el impacto que una serie de acontecimientos tuvieron sobre nosotros.

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Pero debemos tener en cuenta que, mientras que en una memoria podemos hacer partícipe al lector de nuestras digresiones, en un ensayo hay que tener todas las incógnitas resueltas y ordenadas en la cabeza antes de ponerse a escribir, ya que al contar con una extensión reducida no se nos permite irnos por las ramas con la introspección. Aún así, en un ensayo la clave de la historia debe ser revelada hacia el final. Si la desvelamos antes lo destrozaremos. Puesto que el ensayo es breve, hay que procurar mantener al lector en vilo todo el tiempo. A susodicha clave la sigue muy de cerca la resolución. Pero no nos basta con comunicar al lector que nos hemos dado cuenta de algo, sino que tenemos que demostráselo con acciones.

Pero, pese a la brevedad del ensayo, debemos preocuparnos de recrearnos cuanto sea necesario en la narración. No tenemos margen suficiente para explorar toda nuestra mente en papel, pero sí para introducir las florituras requeridas para que el lector pueda considerarla atractiva. Dos personas pueden contar la misma historia, pero habrá quien narre los hechos como quien cuenta una anécdota yendo en el metro, y habrá quien se preocupe de estructurarla, mimarla y hacerla atractiva para el receptor. Muchas veces la importancia no radica en lo que se cuenta, sino en cómo se cuenta. Hay un montón de historias con la misma base; por ejemplo, ¿no viene a ser West Side Story una versión contemporánea de Romeo y Julieta?. Pocas temáticas novedosas nos quedan por desarrollar a estas alturas. Sin embargo, se siguen escribiendo libros y rodando películas constantemente porque los autores saben tratar las historias desde perspectivas muy diferentes, tanto que logran transformarlas por completo creando algo original pese a compartir características con algo que ya existía desde hacía tiempo.

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El placer de escribir

Susan Orlean:

Al escribir no-ficción, es importante ser consciente de la diferencia que existe entre las dos fases del trabajo. La fase uno consiste en investigar, mientras que la fase dos consiste en escribir.
Investigar equivale a ser el chico nuevo de la escuela. Te esfuerzas por aprender muy rápidamente; intentas hacer de detective, procurando enterarte de quiénes son todos, diseccionando la estructura de la sociedad sobre la que escribirás. Emocionalmente, esto te sitúa en la posición que todo el mundo desea. Pero eres un outsider porque no puedes permitir que el impulso natural de huir de lo desconocido te domine, te esfuerzas por no escapar hacia lo que te resulta familiar.
Escribir supone todo lo contrario; es algo privado. La energía es tan intensa e interna, que a veces sientes que vas a estallar. Mucho de lo que ocurre en este proceso es invisible; te sientas enfrente de tu escritorio y parece que simplemente estés ahí sin hacer nada.

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Ray Bradbury:

Escribir no ha de ser algo serio, ha de ser una celebración, debes divertirte con ello. La escritura no es trabajo; si te lo parece, para y ponte a hacer cualquier otra cosa.
La gente siempre se pregunta qué hacer ante un bloqueo, ¿qué pasa si tienes un bloqueo y no sabes cómo solucionarlo? Es obvio que estás haciendo algo mal, ¿verdad?. Mientras escribes algo tu mente se queda en blanco y te dice “se acabó”. Tu subcosnciente te está diciendo “ya no me gustas, estás escribiendo sobre cosas que no me importan”. Estás entrando en política, desarrollando una conciencia social, estás escribiendo sobre cosas que pueden beneficiar al mundo… ¡Al carajo con eso! Yo no escribo cosas que beneficien al mundo; si casualmente lo hacen, genial, pero no era lo que pretendía, lo que yo me proponía era pasarlo bien.
No he trabajado un solo día de mi vida. El placer de escribir me ha movido día a día, año a año. Quiero que tú me envidies, que envidies mi disfrute. Pregúntate si lo estás pasando bien. Si tienes un bloqueo puedes solucionarlo parando de escribir sobre lo que estás escribiendo y pasando a otra cosa; elegiste una temática inadecuada.

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Charles Bukowski:

Si tienes que sentarte durante horas frente a la pantalla de tu ordenador o inclinado sobre tu máquina de escribir buscando palabras, no lo hagas.
Si lo haces por dinero o por fama, no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama, no lo hagas.
Si tienes que reescribir las cosas una y otra vez, no lo hagas.
Si el solo hecho de pensar en ello ya te supone un trabajo, no lo hagas.
Si intentas escribir como otra persona, no lo hagas.
Si tienes que esperar a que salga de ti, espera pacientemente. Si nunca ocurre, entonces haz otra cosa.
Si antes tienes que leérselo a tu mujer, a tu novio, a tus padres, o a cualquier otra persona… entonces no estás preparado.
No seas como tantos otros escritores, no seas como centenares de personas que se hacen llamar escritores, no seas aburrido y pretencioso, no dejes que te consuma el amor propio. Las librerías del mundo se han dormido con autores de tu estilo; no contribuyas a eso.
A no ser que salga de tu alma como un cohete… a no ser que quedarte parado te conduzca a la locura, el suicidio o el asesinato… no lo hagas. A no ser que salga sin permiso de tu corazón, de tu mente, de tu boca y de tu estómago… no lo hagas.

Escribe tu memoria con esto en mente

  • Las memorias, estilísticamente hablando, toman elementos de la ficción y el ensayo
  • El lector ha de sentir que le están hablando
  • Tienes que conseguir que se interese tanto por tu historia como por tu visión actual de las experiencias relatadas
  • Has de entretenerlo lo máximo posible
  • Debes escribir tu historia como si de una novela se tratara; incluyendo personajes, diálogos, trama, ritmo
  • Una memoria se basa en un momento de la vida en que se hace una elección importante a partir de la cual nada vuelve a ser igual
  • Cuando vayas a releer lo que has escrito piensa en si lo que estás contando es suficiente como para mantener su interés
  • No tengas miedo a la hora de recortar lo que consideres que pueda aburrirle
  • Aprende a diferenciar entre lo que a ti te parece interesante porque lo has vivido de lo que es interesante para cualquier persona ajena a tus vivencias
  • Tu memoria debe ser una composición de incidentes que puedas relatar con viveza. Si entre uno y otro no ocurre demasiado, deja esos tramos fuera
  • Has de convertir al lector en testigo de tus conflictos y desafíos
  • Con frecuencia una memoria comienza con un momento de crisis que debe ir desarrollándose hasta quedar resuelta al final
  • Es recomendable leer otras memorias y analizarlas
  • Tu memoria debe centrarse en un tema concreto, aunque toques otros secundarios
  • Debes mostrarte enfrentándote a obstáculos y resolviéndolos
  • Es extremadamente importante que utilices una voz lo suficientemente atractiva como para que los lectores quieran seguirte a través de las páginas
  • El lector sabe que has vivido lo que él está leyendo y espera que le ofrezcas tu punto de vista con respecto a lo narrado desde la reflexión

Cómo crear una rutina literaria

Se dice que los escritores suelen hacer más uso del hemisferio derecho del cerebro (el creativo) que del hemisferio izquierdo (el racional y analítico), por lo que es poco frecuente que estén predispuestos a tomarse un tiempo para planificar los momentos del día que dedicarán a la escritura. Hay quienes piensan que los horarios y la rutina matan la creatividad; pero lo cierto es que, si no nos obligamos a tenerlos y nos limitamos a esperar a que la inspiración nos llegue por arte de magia, escribiremos muchísimo menos. He aquí unas ideas para adquirir constancia:

  • Distribuye el trabajo teniendo en cuenta tus circunstancias. Es posible que haya un momento determinado del día en el que te sientas más relajado o motivado, así que procura reservarlo siempre para escribir. Cuando te dispongas a organizarte la jornada, ten en mente qué partes de tu libro requieren de mayor creatividad/reflexión y qué partes crees que te saldrán con más facilidad. Reserva los tramos complicados de la historia para los momentos en los que te resulte más fácil concentrarte y los más sencillos para las sesiones de escritura que tengas que llevar a cabo en momentos de mayor cansancio o estrés.
  • Escribe un diario con regularidad. Lo importante en este caso no será el contenido, sino la constancia. Esto es precisamente lo que hacía Leo Tolstoy para asegurarse de no perder la rutina.
  • Experimenta hasta encontrar lo que mejor te funcione. Ernest Hemingway escribía de pie; Mark Twain mientras fumaba puros; Edith Sitwell se tumbaba en un ataúd abierto antes de empezar; Stephen King a veces bebía tanto que ni siquiera recuerda haber escrito Cujo… No todos funcionamos de la misma forma.

rutina literaria

  • Apúntate a concursos literarios de vez en cuando. Aparte de las oportunidades que ofrecen (muchos autores nunca llegarían a publicar de manera tradicional de no ser por haber adquirido cierta notoriedad al haber ganado uno) fomentan la disciplina, puesto que participar en uno supone ceñirse a una fecha límite. Puede que a priori no te guste la idea, quizá te parece que las probablidades de ganar son nulas, pero recuerda que el cometido no es necesariamente resultar elegido, sino obligarte a crear un hábito positivo y sacar el trabajo adelante en un plazo de tiempo razonable. Piensa que quizá, en caso de no presentarte, jamás llegues a terminar de escribir tus historias por pura dejadez.
  • Inscríbete en talleres literarios. Te tocará lidiar con aspirantes a escritores endiosados y soportar críticas que posiblemente te hundirán en la miseria y en muchos casos serán completamente subjetivas, pero te curtirás de cara a lidiar con editores (e incluso críticos literarios en un futuro), superarás la vergüenza y te obligarás a escribir con asiduidad.

Historias fieles a la realidad

A veces, al escribir es difícil discernir los hechos reales de los sentimientos subjetivos que surgen de nuestros recuerdos. ¿Es preferible ceñirnos a la realidad o dejarnos llevar sin preocuparnos por la fidelidad de nuestra historia?
Hay escritores de memorias que preguntan a sus allegados acerca de episodios pasados para comprobar si realmente los recuerdan como fueron para así poder ofrecerle al lector una historia sin adulterar; o bien echan mano de cartas, e-mails o diarios para corroborar información. Otros, sin embargo, se valen simplemente de su memoria, sin darle importancia a si, por ejemplo, las fechas y las frases reales concuerdan con las que ellos recuerdan.
El caso es que no es absolutamente necesario que los detalles personales sean completamente fieles a la realidad, pero sí que debemos prestar atención a la hora de tocar información de dominio público. Si mencionamos alguna noticia de la época en la que transcurre la historia, o una canción que sonaba un determinado año, entonces sí que no tenemos excusa para no asegurarnos de que realmente podemos ubicarlas en un momento concreto. Si aportamos datos que el lector pueda identificar (algo recomendable para que se sienta involucrado en la historia) más nos vale no quedar mal ante él metiendo la pata.

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A veces cambiaremos deliberadamente el orden de ciertos hechos, las expresiones… dejaremos fuera lo que consideremos que pueda resultar confuso para el lector… Pero todo lo haremos con la intención de dotar de claridad a la historia, asegurándonos de que la atmósfera y la esencia permanecen intactas.
A medida que vayamos escribiendo, nos sorprenderá lo maleables que son los recuerdos. No solo se transforman en nuestra mente antes de haberse plasmado en el papel, sino también después. Tras haber escrito sobre ellos, es posible que los recordemos tal cual aparecen en el folio y no tal cual los vivimos originalmente.
También es posible que deformemos la realidad aproximándola a lo que hubiésemos deseado, pero eso ya es harina de otro costal…

Algunos temas intentaremos evitarlos por resultarnos demasiado dolorosos, aunque nuestro deber es enfrentarnos a ellos. Ya no solo como escritores de memorias, sino como personas dispuestas a superarlos. Y es que no hay nada más catártico que escribir una memoria. Aparte, eliminar las inhibiciones es clave incluso si lo que queremos es escribir ficción.
Un buen recurso para lidiar con asuntos tabú es el humor. No importa lo sombrío que sea el tema a tratar, siempre podremos darle un toque que ayude a los lectores a digerirlo y a nosotros a sacárnoslo de dentro.
Esto será algo que consigamos cambiando el tono, que no es lo mismo que la voz. La voz es nuestra identidad, mientras que el tono es un indicador de nuestra actitud hacia lo que estamos narrando en un momento dado.
Las memorias son recreaciones del pasado en las cuales la interpetación personal juega un papel importante, por lo que conseguir serle fiel a nuestra historia no es fácil. No obstante, repito que esto no debe preocuparnos; lo importante es que la voz y el tono reflejen fielmente nuestro punto de vista.

Identificando obstáculos

Los obstáculos son imprescindibles en cualquier historia. Algunos serán externos (por ejemplo: quieres ir a un sitio, pero tu situación económica te lo impide) y otros internos (por ejemplo: quieres alcanzar una meta, pero para conseguirlo has de enfrentarte a circunstancias que te provocan un miedo atroz). Tanto una memoria como una historia de ficción deben ser ricas en obstáculos internos que muestren el mundo interior del protagonista.
Al final siempre tendremos que haber resuelto el obstáculo presentado al inicio, que será interno, puesto que lo que queremos es mostrar nuestro desarrollo personal/crecimiento como personajes de la historia que protagonizamos, ya que si en una memoria no queda reflejada una evolución, esta resultará superficial y el lector no sentirá la necesidad de invertir su tiempo en ella.

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A la hora de escribir una memoria, la clave principal es identificar el objetivo que perseguíamos en la etapa de nuestra vida que queremos narrar. Ese algo es lo que nos llevó a pasar por todo lo que pasamos dando lugar a esa historia que tenemos en el tintero y que pretendemos compartir con el mundo. Para dar con ello basta con preguntarnos qué queríamos, ampliando la información para obtener la estructura básica de nuestra memoria:

  • Quería…
  • Lo quería porque…
  • Para obtenerlo, yo…
  • Sin embargo, algo se interpuso en mi camino:
  • Opté por una alternativa, así que…
  • Constantemente pensaba que…
  • El punto de no retorno llegó cuando…
  • Al ocurrir aquello, me percaté de…
  • Después de eso…

Pero el orden no ha de ser necesariamente este. Para dotar a nuestra memoria de efectividad, podemos recurrir a cualquiera de estas técnicas literarias.
Lo inamovible es que, para cuando lleguemos a la resolución, ya debemos haber resuelto el problema inicial, así como todas sus ramificaciones. En la resolución nos mostraremos llegando a una conclusión final y, posiblemente, tomando una decisión. Lo ideal, además, es que el lector nos vea reaccionando, afrontando los cambios que susodicha decisión acarrea.
No podemos olvidar que el objetivo de una buena memoria no debe reducirse a narrar lo ocurrido, sino que es necesario centrarse en el impacto emocional, en mostrar la influencia que todo aquello que vivimos ejerció sobre nosotros.

La reflexión, un ingrediente esencial

En las memorias prima la reflexión, eso está claro; lo que quizá no está tan claro es cuándo debemos hacerla explícita y cuándo no.
Hay autores que plasman su proceso reflexivo en las páginas de sus libros, pero separándolas adecuadamente de las experiencias que dieron lugar a ellas, eso sí. Otros, sin embargo, reflexionan fuera de la vista del lector, pero comparten con él el resultado de sus meditaciones sobre las vivencias narradas. Lo que debemos tener en cuenta es que, en cualquier caso, hay que conseguir que el lector sepa diferenciar sin dudar la voz retrospectiva del resto del texto.
Para indicar reflexión podemos utilizar frases como “¿Por qué él/ella…?”, “podía haber hecho”, “siempre me pregunté por qué”
Una memoria es, en esencia, el anhelo de un autor por encontrar una explicación para los hechos de los que nos hace partícipes.
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Al igual que antes de ponernos a escribir ficción lo ideal es tener medianamente listos los personajes y la historia a desarrollar, con las memorias es conveniente haber reflexionado sobre cómo nos sentimos con respecto a lo que contaremos antes de comenzar a escribir. Aún así, muchas respuestas surgirán una vez estemos sumergidos en el proceso de escritura.
En la medida de lo posible, hay que evitar que una memoria sea únicamente una sucesión de anécdotas; lo suyo es añadirle sustancia, y eso es algo que lograremos abriéndonos a la susodicha reflexión. Si no llegamos a entender lo que nos ha ocurrido, el resultado será superficial. Así que para lograr escribir un libro óptimo, a veces es conveniente dejar pasar tiempo (en algunos casos incluso décadas) para procesar e interiorizar lo vivido y poder así ofrecer al lector una visión más clara y profunda. Aunque hay autores que optan por reflejar el impacto más inmediato de los hechos y también consiguen resultados más que aceptables. No todo el mundo necesita el mismo tiempo de preparación para crear.

Técnicas literarias aplicables a las memorias

Técnicas que podemos utilizar para ordenar nuestras vivencias:

-Cronología: Obviamente, consiste en relatar los hechos en el orden en que ocurrieron. Es la más sencilla, pero también la menos efectiva a la hora de enganchar al lector.

-In media res: Tal cual nos hace sospechar su significado, (en latín, hacia la mitad de las cosas) la narración comienza en mitad de la narración. Es más fácil despertar el interés del lector cuando, nada más abrir el libro, ya se encuentra en el meollo de la historia.

-In extremis: Se trata de abrir la historia con la última escena, pese a ser el resto de la narración cronológica. Así conseguimos crear en el lector un interés por seguir leyendo con el fin de descubrir qué pudo llevarnos hasta ese punto. Es importante no confundir esta técnica con la de la trama regresiva, que también empieza por el final, pero continúa desarrollándose al revés hasta llegar al principio.

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-Flashback o retrospección: Nuestros antecedentes. Puesto que las memorias suelen centrarse en una etapa en concreto, en algunos casos necesitaremos trasladar al lector a hechos anteriores que guarden relación con lo que estemos contándole.

-Flashforward o prospección: La acción queda trasladada al futuro, rompiendo así la línea temporal. Puede que en algún momento nos haga falta introducir a modo anecdótico alguna vivencia relacionada con otra que toquemos, pese a que cronológicamente se sitúe en una etapa posterior a la que tratamos en nuestras memorias.

Es buena idea abrir nuestro libro con uno de estos recursos dado que, normalmente, la parte más interesante de la historia no se encontrará al comienzo, y nuestra intención es conseguir que el lector se enganche. Recuerda que en las primeras líneas ya deberán poder deducirse tu estilo y el tono de tu narración. Son sumamente importantes, pero no te obsesiones con escribirlas a la perfección nada más empezar, ya que podrás seguir modificándolas para mejorarlas conforme tu trabajo progrese.

Recursos que facilitan la vida del escritor

Cold Turkey y Chrome Nanny
Cold Turkey es un programa para los que estamos faltos de fuerza de voluntad. Si durante las horas que pretendes dedicar a la escritura entras más de lo que deberías en ciertas webs, entonces bloquéalas. También puedes recurrir a algo más rudimentario, como por ejemplo desconectar el router, pero a mí personalmente no me parece la opción más óptima, puesto que alguna que otra vez te surgen dudas mientras escribes y la necesidad de resolverlas con la ayuda de internet es demasiado imperiosa.
Y si utilizas Google Chrome como navegador puede que te interese Nanny, una extensión que permite restringir las webs que visitas y el tiempo que pasas en ellas.

LibreOffice
¿OpenOffice no termina de convencerte? Pues prueba la alternativa (también gratuita) LibreOffice.

Plantillas
Si no sabes qué formato emplear a la hora de escribir una novela, en Tregolam te proponen uno. Aquí puedes descargar fácilmente una práctica plantilla.

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Nanowrimo (National Novel Writing Month)
¿Escribir una novela en un mes? Desde luego es un reto ambicioso, pero si te lo propones en noviembre puede resultarte un poco más llevadero, ya que afrontarlo junto a otros escritores con los que intercambiar ánimos y consejos lo hará mucho más ameno. Puedes registrarte en esta web para contactar con otros valientes e ir registrando tu progreso.

Writing Prompts
No todas las aplicaciones son una completa pérdida de tiempo. Prueba de ello es Writing Prompts, que viene a ser un generador de ideas. Un “writing prompt“, por si alguien no lo sabe, es una palabra; una frase; un párrafo; una imagen… que sirve de inspiración para empezar a consturir una escena o incluso una historia completa. Ray Bradbury solía escribir palabras que le venían a la mente sin pensar y las relacionaba hasta crear narraciones coherentes a partir de ellas. Hoy en día, una aplicación como Writing Prompts nos facilita la tarea, proporcionándonos sugerencias cuando nos quedamos en blanco. Está disponible tanto para Apple como para Android.
Y si la tecnología te provoca cierta aversión, también existen libros que sirven para lo mismo, aunque todos en inglés. Un par de ejemplos son The 3 A.M. Epiphany o 5 Minute Writing Prompts for Busy People.

Pomodoro
La técnica Pomodoro se centra en trabajar en espacios de tiempo reducidos con descansos regulares, incrementando así los niveles de productividad. Es tan popular que existen aplicaciones (alguna está disponible en castellano) y extensiones para Chrome.

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