Las cuatro fases de la creatividad

Según Graham Wallas, el proceso creativo se compone de cuatro fases.

Preparación:
Durante la fase de preparación el pensador acondiciona el terreno mental para plantar las semillas. Es la acumulación de recursos intelectuales a partir de la cual se construyen nuevas ideas. Es un proceso completamente consciente que conlleva investigar, planificar y entrar en una correcta disposición mental que nos permita prestar la máxima atención.

Incubación:
Este, a diferencia del anterior, es un periodo de procesos inconscientes durante el cual ningún esfuerzo directo es aplicado a lo que tenemos entre manos. Según Wallas, durante la incubación no deliberamos conscientemente, dando lugar a una serie de procesos mentales involuntarios.
Wallas defiende que frecuentemente podemos obtener mayores resultados encargándonos de varios problemas en sucesión, dejándlos sin resolver para volver a otros, que solucionándolos de una sentada. En definitiva, se percató de que muchas ideas vienen a nosotros únicamente cuando pasamos un tiempo alejados del problema.

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Iluminación:
Para esta fase, Wallas se basó en el concepto de la iluminación repentina, del erudito Henri Poincaré. Consiste en un flash de conocimiento que el ser consciente no puede elegir y que el ser subliminal solo puede recibir una vez que todos los elementos reunidos en la fase de preparación han merodeado libremente durante el proceso de incubación y están preparados para encajar en una nueva formación. Ese click final es la culminación de una exitosa cadena de asociaciones que probablemente ha estado precedida por otra serie de asociaciones no exitosas que pueden haber rondado por nuestra mente de minutos a horas.
En resumidas cuentas, según Wallas las ideas creativas surgen al descansar la mente realizando otras actividades, y se ordenan mientras estamos desprevenidos intentando solucionar otra cosa.

Verificación:
Esta última fase, a diferencia de la segunda y la tercera, comparte con la primera un esfuerzo deliberado y consciente en la forma de probar la validez de la idea. Aquí se determina si la idea realmente resuelve el problema. Puesto que las grandes ideas no siempre funcionan al ponerlas en práctica, esta fase es de vital importancia para el éxito de cualquier proyecto.

El el flujo diario de pensamientos estas cuatro fases se solapan constantemente. Por ejemplo, un psicólogo estudiando un experimento puede al mismo tiempo estar incubando una cuestión que se le presentó unos días atrás, mientras acumula conocimientos para la preparación de un segundo problema y verifica las conclusiones de un tercero. Incluso al explorar un solo asunto, la mente puede encontrarse incubando un aspecto del mismo, mientras conscientemente se dedica a preparar o verificar otro diferente.

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Rutinas diarias de autores consagrados, segunda parte

Gustave Flauvert:

Flauvert, que era un hombre de hábitos nocturnos, normalmente se despertaba sobre las diez de la mañana y lo anunciaba con una camapanilla. Su sirviente, inmediatamente, le llevaba agua, llenaba su pipa, corría las cortinas y le llevaba el correo. Sus conversaciones con Madre, que tenían lugar entre nubes de tabaco, precedían a un largo y caliente baño que incluía la aplicación de un producto para evitar la caída del cabello. A las once entraba al comedor y tomaba algo supuestamente ligero porque no le favorecía trabajar con el estómago muy lleno, aunque en realidad su primer menú consistía en huevos, vegetales, queso o fruta y una taza de chocolate. Después, la familia pasaba un rato en la terraza, a no ser que el mal tiempo los forzase a permanecer dentro de la casa. Bajo la sombra de los castaños, discutían, bromeaban y cotilleaban a la vez que observaban barcos surcar el río.
En 1852, Flauvert le contó a Louise Colet que trabajaba de la una del mediodía a la una de la mañana.

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Ernest Hemingway:

Cuando estoy trabajando en un libro o historia escribo todas las mañanas en cuanto veo la luz del sol. No hay nadie para molestarte y, si hace frío, te calientas mientras escribes. Lees lo que has escrito y, como siempre paras cuando sabes lo que va a pasar después, empiezas desde ese punto. Escribes hasta que llegas a una parte que sabes cómo continuará y te detienes hasta el día siguiente conservando la chispa. Has empezado a las seis de la mañana, por ejemplo, y continúas hasta el mediodía o incluso menos. Cuando paras te sientes vacío, pero al mismo tiempo completo, como después de haberle hecho el amor a alguien a quien amas. Nada tiene significado hasta el día siguiente, cuando vuelves a hacerlo. Lo difícil es aguantar hasta la próxima vez.

William Gibson:

Cuando estoy escribiendo un libro me levanto a las siete. Consulto mi e-mail, me empapo de internet, como hacemos todos hoy en día, y me tomo un café. Tres días a la semana voy a pilates y estoy de vuelta entre las diez y las once. Luego me siento e intento escribir. Si no pasa absulutamente nada, me doy permiso para cortar el cesped. Pero, generalmente, el solo hecho de sentarme e intentarlo basta para ponerme en marcha. Hago una pausa para almorzar, vuelvo, y sigo con ello un poco más. Y luego, normalmente, me echo una siesta. Las siestas son esenciales en mi proceso. No por los sueños, sino por ese estado adyacente al sueño en sí.
Conforme avanzo con el libro, el cuerpo me pide más. Al principio trabajo cinco días a la semana, cada día entre las diez de la mañana y las cinco de la tarde, con una pausa para almorzar y echar una cabezada. Pero hacia el final acabo trabajando siete días a la semana, doce horas al día.
Al acercarme al final del libro, veo su contenido como un estado mental alterado químicamente, en el sentido de que se desvanecerá si no continúo nutriéndolo. Lo que necesita es simplemente que escriba todo el tiempo, hasta el punto de que incluso el acto de dormir se vuelve problemático.

Haruki Murakami:

Cuando estoy escribiendo una novela, me levanto a las cuatro de la madrugada y trabajo durante cinco o seis horas. Por la tarde, corro diez kilómetros o nado 1500 metros (o hago ambas cosas), después leo un poco y escucho música. Me voy a la cama a las nueve. Mantengo esta rutina todos los días sin variación. La repetición es importante; es una forma de hipnotismo. Me hipnotizo a mí mismo y alcanzo otro nivel de conciencia.

Rutinas diarias de autores consagrados

Paul Auster:
“Me levanto por la mañana, leo el periódico, me bebo una taza de té, voy al pequeño apartamento que tengo en el barrio y trabajo durante seis horas. Después me dedico a hacer los trámites y tareas que me correspondan ese día. Me he dado cuenta de que escribir novelas te absorbe por completo, tanto física como mentalmente, tengo que hacerlo todos los días para poder seguir el ritmo, para centrarme en lo que estoy haciendo. Todos los domingos, si me es posible y no tengo compromisos familiares, trabajo al menos por la mañana. Cuando viajo durante dos semanas o más me cuesta muchísimo recuperar el ritmo que había llevado hasta el momento, suelo necesitar alrededor de una semana para retomarlo.”

Ray Bradbury:
“Mi pasión me conduce hasta la máquina de escribir todos los días de mi vida, me ha conducido a ella desde que tenía doce años, así que nunca tengo que preocuparme por establecer un horario. Siempre hay algo que estalla en mi interior y me programa, no tengo que molestarme en programarlo yo; me dice: ve hacia la máquina de escribir y termina esto. Puedo trabajar en cualquier parte. Crecí escribiendo en habitaciones y salas de estar con mis padres y mi hermano en una pequeña casa en Los Ángeles. Trabajaba con mi máquina de escribir en la sala de estar, con la radio puesta y los miembros de mi familia hablando todos al mismo tiempo. Más adelante, cuando me proponía escribir Farenheit 451, fui a UCLA y encontré una habitación con una máquina de escribir que por diez centavos te proporcionaba media hora de escritura.”

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Stephen King:
“Hay ciertas cosas que hago si me siento a escribir, me tomo un vaso de agua o una taza de té. Desde las ocho hasta las ocho y media permanezco sentado en alguna parte. Me tomo mis vitaminas, pongo música y ordeno los papeles. El propósito de hacer todo esto cada día a la misma hora es el de comunicarle a mi mente que pronto se pondrá a soñar. No dista mucho de la rutina para ir a domir; yo me lavo los dientes y las manos, compruebo que mis almohadas estén colocadas de cierta forma…”

Jack Kerouac:
“Una vez tuve un ritual que consistía en encender una vela, escribir bajo su luz y apagarla al finalizar por esa noche, así como ponerme de rodillas y rezar antes de empezar. Lo saqué de una película francesa sobre George Frideric Handel.”

Nick Hornby

El lunes pasado tuve la oportunidad de presenciar una entrevista a Nick Hornby en la sala BBK de Bilbao. Lo conoceréis principalmente por ser el autor de la novela en la que se basó la conocida película Alta Fidelidad, que yo precisamente siempre he detestado, pese a tener que reconocer que es buena.
Me parece inquietante que tanta gente se identifique con el protagonista. Un hombre hecho y derecho no debería tener tanta tontería en la cabeza. Conozco a alguno como él y se merece dos tortas bien dadas:

Es curioso, hace un par de fines de semana andaba por Madrid, y mientras esperaba a que llegara a encontrarse conmigo un amigo del que fui a despedirme (porque, como tanta otra gente, esos días se preparaba para abandonar el país) me metí en El Corte Inglés dedicado a los libros que hay por Sol para hacer tiempo y echar un vistazo. Un chico se me acercó repentinamente y me preguntó qué le recomendaba para una chica de 31 años. Al principio pensé que me había confundido con una dependienta, pero luego recordé que allí llevaban uniforme y asumí que simplemente le había parecido lo suficientemente femenina como para tener gustos en común con la chica en cuestión. Como mis preferencias tienden a ser un tanto minoritarias, decidí optar por recomendarle algo que precisamente a mí no me atrayese, pero que fuera objetivamente bueno a la par que fácil de leer y que tuviese un público mayoritariamente treintañero. La respuesta era sencilla: Nick Hornby.
¿A qué viene todo esto que acabo de contar? A cuento de nada, Simplemente me ha parecido buena idea darle un toque mínimamente personal a este blog tan anónimo y aséptico para ver, guiándome por el número de visitas, si este post suscita más o menos interés que el resto.

Puntos a destacar de la entrevista:

1- Hornby recomienda leer, leer y leer; leer cosas que te apasionen, el tipo de cosas que a ti te gustaría escribir. Esto no significa que haya que copiar el estilo de otro autor. Leer a alguien a quien admiras influye en tu proceso creativo, pero eso no significa que el resultado vaya a ser el mismo. Cuando lees, absorbes lo bueno de las obras y algo queda en tu subconsciente, pero a la hora de escribir no podrás imitar a tu autor favorito ni queriendo, porque el estilo es personal e intransferible y las influencias siempre quedarán reducidas a unas pinceladas aquí y allá. Es decir, tu mente crea cosas a partir de lo que le estimula, nunca se limita a copiarlas.

2- Es extremadamente fácil que la gente se identifique con lo que escribes. Él escribió Alta Fidelidad basándose en su entorno de Gran Bretaña, en lo que conocía. Sin embargo, todo el que leía el libro, independientemente de dónde fuese, pensaba que aquella podía perfectamente ser su vida. Por esto, Hornby dice que Alta Fidelidad es la historia de cualquier persona del primer mundo. En la película simplemente cambiaron la época, el lugar y las referencias musicales.

3- Un autor nunca está completamente satisfecho con su trabajo, y así es como debe ser. El entrevistador le pidió que puntuara sus obras; la nota más alta se la dio a Juliet, desnuda y sólo fue de un 5.5. Según él, cuando uno está completamente feliz con una obra es difícil que quiera ponerse a trabajar en otra, porque considerará que ya ha cumplido su cometido. Si consideras que ya has alcanzado la perfección, difícilmente seguirás con ganas de seguir creando, porque nada de lo que hagas posteriormente te parecerá lo suficientemente bueno.

4- Si de verdad quieres dedicarte a la escritura, proponte escribir 500 palabras al día.

No puedo finalizar el post sin antes mencionar que Hornby tiene en su haber una memoria: Fever Pitch/Fiebre en las gradas. Además, está adaptando para llevar al cine la memoria de Cheryl Strayed titulada Wild/Salvaje.

El placer de escribir

Susan Orlean:

Al escribir no-ficción, es importante ser consciente de la diferencia que existe entre las dos fases del trabajo. La fase uno consiste en investigar, mientras que la fase dos consiste en escribir.
Investigar equivale a ser el chico nuevo de la escuela. Te esfuerzas por aprender muy rápidamente; intentas hacer de detective, procurando enterarte de quiénes son todos, diseccionando la estructura de la sociedad sobre la que escribirás. Emocionalmente, esto te sitúa en la posición que todo el mundo desea. Pero eres un outsider porque no puedes permitir que el impulso natural de huir de lo desconocido te domine, te esfuerzas por no escapar hacia lo que te resulta familiar.
Escribir supone todo lo contrario; es algo privado. La energía es tan intensa e interna, que a veces sientes que vas a estallar. Mucho de lo que ocurre en este proceso es invisible; te sientas enfrente de tu escritorio y parece que simplemente estés ahí sin hacer nada.

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Ray Bradbury:

Escribir no ha de ser algo serio, ha de ser una celebración, debes divertirte con ello. La escritura no es trabajo; si te lo parece, para y ponte a hacer cualquier otra cosa.
La gente siempre se pregunta qué hacer ante un bloqueo, ¿qué pasa si tienes un bloqueo y no sabes cómo solucionarlo? Es obvio que estás haciendo algo mal, ¿verdad?. Mientras escribes algo tu mente se queda en blanco y te dice “se acabó”. Tu subcosnciente te está diciendo “ya no me gustas, estás escribiendo sobre cosas que no me importan”. Estás entrando en política, desarrollando una conciencia social, estás escribiendo sobre cosas que pueden beneficiar al mundo… ¡Al carajo con eso! Yo no escribo cosas que beneficien al mundo; si casualmente lo hacen, genial, pero no era lo que pretendía, lo que yo me proponía era pasarlo bien.
No he trabajado un solo día de mi vida. El placer de escribir me ha movido día a día, año a año. Quiero que tú me envidies, que envidies mi disfrute. Pregúntate si lo estás pasando bien. Si tienes un bloqueo puedes solucionarlo parando de escribir sobre lo que estás escribiendo y pasando a otra cosa; elegiste una temática inadecuada.

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Charles Bukowski:

Si tienes que sentarte durante horas frente a la pantalla de tu ordenador o inclinado sobre tu máquina de escribir buscando palabras, no lo hagas.
Si lo haces por dinero o por fama, no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama, no lo hagas.
Si tienes que reescribir las cosas una y otra vez, no lo hagas.
Si el solo hecho de pensar en ello ya te supone un trabajo, no lo hagas.
Si intentas escribir como otra persona, no lo hagas.
Si tienes que esperar a que salga de ti, espera pacientemente. Si nunca ocurre, entonces haz otra cosa.
Si antes tienes que leérselo a tu mujer, a tu novio, a tus padres, o a cualquier otra persona… entonces no estás preparado.
No seas como tantos otros escritores, no seas como centenares de personas que se hacen llamar escritores, no seas aburrido y pretencioso, no dejes que te consuma el amor propio. Las librerías del mundo se han dormido con autores de tu estilo; no contribuyas a eso.
A no ser que salga de tu alma como un cohete… a no ser que quedarte parado te conduzca a la locura, el suicidio o el asesinato… no lo hagas. A no ser que salga sin permiso de tu corazón, de tu mente, de tu boca y de tu estómago… no lo hagas.

Escribe tu memoria con esto en mente

  • Las memorias, estilísticamente hablando, toman elementos de la ficción y el ensayo
  • El lector ha de sentir que le están hablando
  • Tienes que conseguir que se interese tanto por tu historia como por tu visión actual de las experiencias relatadas
  • Has de entretenerlo lo máximo posible
  • Debes escribir tu historia como si de una novela se tratara; incluyendo personajes, diálogos, trama, ritmo
  • Una memoria se basa en un momento de la vida en que se hace una elección importante a partir de la cual nada vuelve a ser igual
  • Cuando vayas a releer lo que has escrito piensa en si lo que estás contando es suficiente como para mantener su interés
  • No tengas miedo a la hora de recortar lo que consideres que pueda aburrirle
  • Aprende a diferenciar entre lo que a ti te parece interesante porque lo has vivido de lo que es interesante para cualquier persona ajena a tus vivencias
  • Tu memoria debe ser una composición de incidentes que puedas relatar con viveza. Si entre uno y otro no ocurre demasiado, deja esos tramos fuera
  • Has de convertir al lector en testigo de tus conflictos y desafíos
  • Con frecuencia una memoria comienza con un momento de crisis que debe ir desarrollándose hasta quedar resuelta al final
  • Es recomendable leer otras memorias y analizarlas
  • Tu memoria debe centrarse en un tema concreto, aunque toques otros secundarios
  • Debes mostrarte enfrentándote a obstáculos y resolviéndolos
  • Es extremadamente importante que utilices una voz lo suficientemente atractiva como para que los lectores quieran seguirte a través de las páginas
  • El lector sabe que has vivido lo que él está leyendo y espera que le ofrezcas tu punto de vista con respecto a lo narrado desde la reflexión

Qué repercusiones puede tener la publicación de una memoria

Al escribir nuestras memorias, recordar según qué hechos puede resultarnos doloroso. Además, debemos afrontar un montón de posibles repercusiones si decidimos publicarlas, ya que en ocasiones saldrán a la luz cosas que hasta el momento habían permanecido ocultas. Podremos alejar a familiares o amigos; sentir vergüenza; perder el trabajo y, por supuesto, también la privacidad.
A mucha gente le pesará que hablemos de ciertas cosas con las que guarda relación, y está en nuestras manos decidir hasta qué punto nos compensa enfrentarnos a esto.
Incluso si la historia que decides compartir con el mundo es positiva, tendrás que asumir que la gente, por lo general, es poco conformista. Algunos se enfadarán por no aparecer, otros por aparecer, alguno te dirá que esto o lo otro no fue así realmente…
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De cualquier forma, es fácil que los sacrificios se vean compensados.
A veces leemos historias que seguramente no han sido fáciles de escribir, dada su naturaleza. Sin embargo, el esfuerzo de los autores en muchos casos seguramente se viese premiado al llegar a lectores para los cuales su trabajo cambió algo.
Hace unos meses leí My thirteenth winter, donde su autora (Samantha Abeel) narraba las dificultades que la discalculia producía en todos los aspectos de su vida y, en un momento dado, contaba cómo en la presentación de un libro suyo se le había acercado un hombre increíblemente impresionado para decirle que acababa de cambiar su vida. Él también padecía este trastorno, pero no lo sabía; en aquel momento por fin pudo comprender lo que le había estado ocurriendo durante toda su vida, de repente todo había cobrado sentido para él.
Lo más bonito de las memorias es la posibilidad de repercutir en la vida de los lectores, y para ello es necesario correr ciertos riesgos.
Cuando leemos historias, es difícil no sentirnos identificados con ellas, o al menos con ciertos aspectos. Y el hecho de que esas historias sean reales, en ocasiones nos ayuda a sentirnos menos solos en el mundo.

Podemos contar lo vivido de muchas maneras, pero siempre evitando que parezca que estemos pidiendo al lector que se compadezca de nosotros. Podemos escribir desde la tristeza o desde el enfado, pero está terminantemente prohibido dar lástima. Un buen escritor habrá hecho las paces con lo que ha narrado antes de dar el paso de publicarlo. No hay que crearle al lector la sensación de que necesitamos atención y piedad; debemos limitarnos a informarlo y entretenerlo.

Recursos que facilitan la vida del escritor

Cold Turkey y Chrome Nanny
Cold Turkey es un programa para los que estamos faltos de fuerza de voluntad. Si durante las horas que pretendes dedicar a la escritura entras más de lo que deberías en ciertas webs, entonces bloquéalas. También puedes recurrir a algo más rudimentario, como por ejemplo desconectar el router, pero a mí personalmente no me parece la opción más óptima, puesto que alguna que otra vez te surgen dudas mientras escribes y la necesidad de resolverlas con la ayuda de internet es demasiado imperiosa.
Y si utilizas Google Chrome como navegador puede que te interese Nanny, una extensión que permite restringir las webs que visitas y el tiempo que pasas en ellas.

LibreOffice
¿OpenOffice no termina de convencerte? Pues prueba la alternativa (también gratuita) LibreOffice.

Plantillas
Si no sabes qué formato emplear a la hora de escribir una novela, en Tregolam te proponen uno. Aquí puedes descargar fácilmente una práctica plantilla.

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Nanowrimo (National Novel Writing Month)
¿Escribir una novela en un mes? Desde luego es un reto ambicioso, pero si te lo propones en noviembre puede resultarte un poco más llevadero, ya que afrontarlo junto a otros escritores con los que intercambiar ánimos y consejos lo hará mucho más ameno. Puedes registrarte en esta web para contactar con otros valientes e ir registrando tu progreso.

Writing Prompts
No todas las aplicaciones son una completa pérdida de tiempo. Prueba de ello es Writing Prompts, que viene a ser un generador de ideas. Un “writing prompt“, por si alguien no lo sabe, es una palabra; una frase; un párrafo; una imagen… que sirve de inspiración para empezar a consturir una escena o incluso una historia completa. Ray Bradbury solía escribir palabras que le venían a la mente sin pensar y las relacionaba hasta crear narraciones coherentes a partir de ellas. Hoy en día, una aplicación como Writing Prompts nos facilita la tarea, proporcionándonos sugerencias cuando nos quedamos en blanco. Está disponible tanto para Apple como para Android.
Y si la tecnología te provoca cierta aversión, también existen libros que sirven para lo mismo, aunque todos en inglés. Un par de ejemplos son The 3 A.M. Epiphany o 5 Minute Writing Prompts for Busy People.

Pomodoro
La técnica Pomodoro se centra en trabajar en espacios de tiempo reducidos con descansos regulares, incrementando así los niveles de productividad. Es tan popular que existen aplicaciones (alguna está disponible en castellano) y extensiones para Chrome.

La influencia de la vida de un autor en sus trabajos de ficción

Un buen ejemplo de autora que se basa en sus vivencias a la hora de escribir ficción es la francesa Virginie Despentes, que alcanzó su fama cuando su novela Baise-moi (traducida como Fóllame en España y como Viólame en Latinoamérica) fue adaptada al cine con ella como co-directora, un sinfin de polémicas y un resultado no demasiado óptimo, todo hay que decirlo.

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En los libros de ficción de Virginie queda claramente patente lo que la marcó en la vida real, como el sentimiento de marginalidad y odio que despierta la prostitución en Fóllame o el sórdido submundo de los peep shows en Perras Sabias. Y es que Despentes, antes de convertirse en escritora, fue prostituta y bailarina en un peep show.
En el 2006, después de haber publicado tres obras de ficción, apostó por un libro que mezcla autobiografía y ensayo: Teoría King Kong (editado en España por Melusina), en el que hablaba, una vez más, de la prostitución y de la violación; pero también de la relación entre el hombre y la mujer, de los iconos femeninos impuestos, etc. Y lo hace invitando a la reflexión.

Otro ejemplo (bastante más light) de autora que crea inspirándose en sus propias vivencias y en las de sus allegados es Lena Dunham, que tan de moda está ahora gracias a la serie que dirige y protagoniza: Girls, cuyos episodios se centran en las idas y venidas de cuatro veinteañeras de Nueva York que luchan por salir adelante y aclararse con respecto a lo que quieren hacer con sus vidas, fracasando estrepitósamente en el intento.
El gran éxito de Girls demuestra que el público necesita material con el que identificarse. Antes de que esta serie se emitiese, había un nicho aclamando ser ocupado. La gente estaba ya harta del universo de fantasía de series como Sexo en Nueva York (de hecho, muchos califican Girls como una versión realista de esta) y Lena supo ver el filón, así que se puso a escribir sobre lo que conocía y la audiencia la recibió con los brazos abiertos.

A finales del año pasado firmó un contrato con Random House para publicar su primer libro, un ensayo autobiográfico en el que actualmente se encuentra trabajando que llevará por título Not That Kind of Girl: A Young Woman Tells You What She’s Learned (No soy una chica de ese tipo: Una mujer joven te cuenta lo que ha aprendido).

Por si alguien habla (o por lo menos entiende) el inglés, cierro el post con una entrevista en la que cuenta lo que le supone escribir sobre lo que le ocurre:

“Si escribo sobre alguna interacción que hayamos tenido posiblemente te enfadarás, pero no me importa, porque mi trabajo es más importante que conocerte”. Ciertamente suena mal, pero cuando escribimos memorias, el egoismo definitivamente es un factor a tener en cuenta.  Siempre hay que pararse a pensar si merece la pena sacrificar ciertas relaciones en pos de nuestra historia.

Por qué formarse online

Aunque este blog esté dedicado principalmente a la escritura autobiográfica, a estas alturas ya habréis podido observar que de vez en cuando me tomo la libertad de incluir otros temas relacionados con la literatura. Lo hago por dos razones: la primera es que me da la posibilidad de ofrecer más cantidad de contenidos (algo imprescindible cuando se pretende postear con asiduidad) y, la segunda, que me consta que no todo el que me sigue está especialmente interesado en las memorias, sino que simplemente se siente atraído por la escritura en general.
Dicho esto, hoy me dispongo a hablar de las ventajas de la formación online. Y es que tenemos a nuestra disposición multitud de cursos de escritura en la red de redes. Unos cuantos dedicados a la escritura autobiográfica; otros tantos a la redacción y el estilo; algunos a las técnicas de promoción; y, la mayoría, a la escritura creativa.

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El precio de los talleres presenciales puede llegar a alcanzar precios desorbitados, que a mi parecer están desproporcionados si tenemos en cuenta el escaso tiempo de clase destinado a cada uno de los alumnos. El tiempo de dedicación en los cursos online, por lo que he podido comprobar en mi experiencia personal, paradójicamente está mejor distribuido.
Otra ventaja nada desdeñable de la formación online es la de lidiar en menor medida con la figura del escritor endiosado que, por desgracia, suele monopolizar las clases o, en los casos más extremos, desprestigiar a la competencia para que nadie le arrebate su pedestal. Hace un mes leí un excelente artículo que en el cual su autor, muy acertadamente, se refería a esta última práctica como Santa Inquisición Literaria.
También es destacable el poder acceder a clases de profesionales concretos sin importar dónde se encuentre uno. Por ejemplo, Witcamp (innovadora escuela online con la que he tenido la grata experiencia de realizar cursos sobre diversas materias) actualmente tiene en su catálogo un interesante videocurso impartido por el escritor José Luis Galar que es ideal para todo aquel que necesite apoyo básico a la hora de lanzarse por fin a escribir esa historia de ficción que tiene en el tintero y no se atreve a sacar. Si menciono esta escuela en concreto, aunque por el momento solamente disponga de un curso literario (démosle tiempo, son bastante nuevos) es porque pienso que el modelo de clase únicamente basado en el texto, en esta era en la que prima lo interactivo, se ha quedado desfasado. Como ya comentaba hace un par de semanas, el mundo literario está cambiando a pasos agigantados y es esencial que todas las empresas (ya no solo las editoriales, sino también las formativas) se adapten a los tiempos que corren.

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