Escritura no creativa

Se habla mucho de la escritura creativa, pero muy poco de la no creativa, así que hoy voy a dedicarle un post para que sepàis de qué se trata.

Mark Twain decía que todas las ideas son de segunda mano, que consciente e inconscientemente mamamos de un millón de fuentes.
Hoy en día se le da mucha importancia a lo de ser creativo, lo cual es algo absurdo teniendo en cuenta que poco queda ya por inventar, y que prácticamente todo lo nuevo es una versión de algo que ya existía previamente. ¿Y sabéis qué? Que no pasa absolutamete nada. No siempre es necesario crear algo novedoso. Si algo que nos gusta funciona bien, podemos centrarnos en mejorarlo y obtendremos excelentes resultados. Como decía el diseñador Charles Eames, “innova solamente como último recurso”.

En el 69, el artista conceptual Douglas Huebler escribió lo siguiente: “El mundo está repleto de objetos más o menos interesantes; yo no quiero añadir más”.
Esto también es aplicable a los textos. No hay porqué exprimirse el cerebro para dar con algo tremendamente original; a veces basta con identificar, ordenar, distribuir y modificar lo que tenemos a nuestra disposición para dar lugar a algo sorprendentemente diferente, aunque en su misma línea.

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Como dice la crítica literaria Majorie Perloff, actualmente el escritor viene a ser una especie de programador; conceptualizando, construyendo, ejecutando, sintetizando, diseminando… Hoy en día, gracias a internet, tenemos muchísima información de la que nutrirnos a nuestro alcance. La imagen del genio aislado que solamente se valía de su mente ha quedado muy atrás; de hecho yo, personalmente, la considero perjudicial porque intimida. Para escribir no es necesario ser un genio, ni tan siquiera creativo.

Pero no os confundáis, la escritura no creativa ya se daba allá por la Edad Media. Se estilaba el cortar y pegar texto de manuscritos existentes para crear a partir de él nuevo contenido. Y es que el arte de crear se reduce a escoger sabiamente entre las ideas existentes.

Kenneth Goldsmith, que ha escrito sobre el tema que nos ocupa, defiende que, incluso al hacer algo tan poco creativo como transcribir información, estamos expresándonos. El arte de escoger y reenmarcar acaba diciéndonos mucho sobre nosotros mismos, pero se nos ha enseñado a no valorar esas elecciones.
Tras un semestre reprimiendo la creatividad de una estudiante haciéndole plagiar y transcribir, ésta se percató de que, sin intentar ser creativa, paradójicamente había dado lugar a los textos más creativos que había escrito en su vida.

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Nick Hornby

El lunes pasado tuve la oportunidad de presenciar una entrevista a Nick Hornby en la sala BBK de Bilbao. Lo conoceréis principalmente por ser el autor de la novela en la que se basó la conocida película Alta Fidelidad, que yo precisamente siempre he detestado, pese a tener que reconocer que es buena.
Me parece inquietante que tanta gente se identifique con el protagonista. Un hombre hecho y derecho no debería tener tanta tontería en la cabeza. Conozco a alguno como él y se merece dos tortas bien dadas:

Es curioso, hace un par de fines de semana andaba por Madrid, y mientras esperaba a que llegara a encontrarse conmigo un amigo del que fui a despedirme (porque, como tanta otra gente, esos días se preparaba para abandonar el país) me metí en El Corte Inglés dedicado a los libros que hay por Sol para hacer tiempo y echar un vistazo. Un chico se me acercó repentinamente y me preguntó qué le recomendaba para una chica de 31 años. Al principio pensé que me había confundido con una dependienta, pero luego recordé que allí llevaban uniforme y asumí que simplemente le había parecido lo suficientemente femenina como para tener gustos en común con la chica en cuestión. Como mis preferencias tienden a ser un tanto minoritarias, decidí optar por recomendarle algo que precisamente a mí no me atrayese, pero que fuera objetivamente bueno a la par que fácil de leer y que tuviese un público mayoritariamente treintañero. La respuesta era sencilla: Nick Hornby.
¿A qué viene todo esto que acabo de contar? A cuento de nada, Simplemente me ha parecido buena idea darle un toque mínimamente personal a este blog tan anónimo y aséptico para ver, guiándome por el número de visitas, si este post suscita más o menos interés que el resto.

Puntos a destacar de la entrevista:

1- Hornby recomienda leer, leer y leer; leer cosas que te apasionen, el tipo de cosas que a ti te gustaría escribir. Esto no significa que haya que copiar el estilo de otro autor. Leer a alguien a quien admiras influye en tu proceso creativo, pero eso no significa que el resultado vaya a ser el mismo. Cuando lees, absorbes lo bueno de las obras y algo queda en tu subconsciente, pero a la hora de escribir no podrás imitar a tu autor favorito ni queriendo, porque el estilo es personal e intransferible y las influencias siempre quedarán reducidas a unas pinceladas aquí y allá. Es decir, tu mente crea cosas a partir de lo que le estimula, nunca se limita a copiarlas.

2- Es extremadamente fácil que la gente se identifique con lo que escribes. Él escribió Alta Fidelidad basándose en su entorno de Gran Bretaña, en lo que conocía. Sin embargo, todo el que leía el libro, independientemente de dónde fuese, pensaba que aquella podía perfectamente ser su vida. Por esto, Hornby dice que Alta Fidelidad es la historia de cualquier persona del primer mundo. En la película simplemente cambiaron la época, el lugar y las referencias musicales.

3- Un autor nunca está completamente satisfecho con su trabajo, y así es como debe ser. El entrevistador le pidió que puntuara sus obras; la nota más alta se la dio a Juliet, desnuda y sólo fue de un 5.5. Según él, cuando uno está completamente feliz con una obra es difícil que quiera ponerse a trabajar en otra, porque considerará que ya ha cumplido su cometido. Si consideras que ya has alcanzado la perfección, difícilmente seguirás con ganas de seguir creando, porque nada de lo que hagas posteriormente te parecerá lo suficientemente bueno.

4- Si de verdad quieres dedicarte a la escritura, proponte escribir 500 palabras al día.

No puedo finalizar el post sin antes mencionar que Hornby tiene en su haber una memoria: Fever Pitch/Fiebre en las gradas. Además, está adaptando para llevar al cine la memoria de Cheryl Strayed titulada Wild/Salvaje.

Temática, tono, influencias, puntos fuertes…

En el último post hablaba brevemente de la perspectiva desde la que se escribe una historia. Y es que al escribir, más que sobre la temática, conviene pensar en el ángulo de la misma. Dos personas pueden escribir una historia de amor; la de una puede ser empalagosa y la de otra ácida; el tema principal será el mismo, pero la forma de tratarlo no se asemejará en nada.
Tanto para encontrar la temática como para averiguar qué cariz es el adecuado puedes hacer un breve ejercicio que consiste en escribir lo que en ese momento piensas que podría ser el último párrafo, o hablar de tus dudas sobre la memoria que quieres escribir con alguien; ni siquiera es necesario que la otra persona te escuche, tan solo con decir lo que piensas en voz alta en ocasiones verás las cosas un poco más claras.

Elegir bien el tono de tu memoria y ceñirte a él es increíblemente importante. En la escritura, así como en la conversación, éste puede ser pedante, sarcástico, amargo, alegre… Sea cual sea, es imprescindible que lo mantengas sin desviarte. Si estás escribiendo en clave de comedia no puedes permitirte que la cosa se ponga demasiado seria al tocar temas más duros.
Si escribes un párrafo que refleja fielmente el tono con el que quieres continuar, recórtalo y ponlo en un lugar visible para poder releerlo cuando sientas que estás perdiendo la orientación. También es recomendable leer algo del estilo de lo que pretendes escribir antes de sentarte a hacerlo, puesto que inconscientemente te quedarás con él y se reflejara en tu trabajo aunque no te lo propongas.

Confirmado: lo que lees te influye a la hora de escribir.

Confirmado: lo que lees te influye a la hora de escribir.

Conforme aprendes a escribir memorias, identificas cuáles son tus puntos fuertes y tus puntos débiles. Igual te encuentras con que escribes muchísimas escenas porque es lo que mejor se te da y, por tanto, lo que más disfrutas. Pero debes esforzarte por hacer hincapié en aquello que no dominas tanto con el fin de mejorarlo. Lo que hace de tu memoria una buena historia es la combinación de todos los elementos; haciendo uso únicamente del que mejor dominas difícilmente lograrás enganchar al lector. Con la práctica aprenderás a combinarlos sin tan siquiera pensarlo.

Puntos clave de la memoria y del ensayo personal

A veces nos percatamos de la existencia de algún sentimiento o hecho importante de una forma un tanto extraña. Puede que sea la clave de nuestra memoria y, sin embargo, no sepamos cómo narrarlo porque no entendemos por qué aquello afloró justo en el preciso instante en que lo hizo y al ir a plasmarlo en papel no sepamos cómo presentarlo. La solución es escribir sobre ello hasta encontrar una explicación, no hay ningún inconveniente en dejar claro que mucho de lo que hemos vivido escapa a nuestro entendimiento. El lector de memorias busca leer algo personal y real, al fin y al cabo, no una historia perfectamente orquestada; se mostrará comprensivo ante nuestras dudas. Más que de presentar una historia se trata de compartir con los demás el impacto que una serie de acontecimientos tuvieron sobre nosotros.

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Pero debemos tener en cuenta que, mientras que en una memoria podemos hacer partícipe al lector de nuestras digresiones, en un ensayo hay que tener todas las incógnitas resueltas y ordenadas en la cabeza antes de ponerse a escribir, ya que al contar con una extensión reducida no se nos permite irnos por las ramas con la introspección. Aún así, en un ensayo la clave de la historia debe ser revelada hacia el final. Si la desvelamos antes lo destrozaremos. Puesto que el ensayo es breve, hay que procurar mantener al lector en vilo todo el tiempo. A susodicha clave la sigue muy de cerca la resolución. Pero no nos basta con comunicar al lector que nos hemos dado cuenta de algo, sino que tenemos que demostráselo con acciones.

Pero, pese a la brevedad del ensayo, debemos preocuparnos de recrearnos cuanto sea necesario en la narración. No tenemos margen suficiente para explorar toda nuestra mente en papel, pero sí para introducir las florituras requeridas para que el lector pueda considerarla atractiva. Dos personas pueden contar la misma historia, pero habrá quien narre los hechos como quien cuenta una anécdota yendo en el metro, y habrá quien se preocupe de estructurarla, mimarla y hacerla atractiva para el receptor. Muchas veces la importancia no radica en lo que se cuenta, sino en cómo se cuenta. Hay un montón de historias con la misma base; por ejemplo, ¿no viene a ser West Side Story una versión contemporánea de Romeo y Julieta?. Pocas temáticas novedosas nos quedan por desarrollar a estas alturas. Sin embargo, se siguen escribiendo libros y rodando películas constantemente porque los autores saben tratar las historias desde perspectivas muy diferentes, tanto que logran transformarlas por completo creando algo original pese a compartir características con algo que ya existía desde hacía tiempo.

El placer de escribir

Susan Orlean:

Al escribir no-ficción, es importante ser consciente de la diferencia que existe entre las dos fases del trabajo. La fase uno consiste en investigar, mientras que la fase dos consiste en escribir.
Investigar equivale a ser el chico nuevo de la escuela. Te esfuerzas por aprender muy rápidamente; intentas hacer de detective, procurando enterarte de quiénes son todos, diseccionando la estructura de la sociedad sobre la que escribirás. Emocionalmente, esto te sitúa en la posición que todo el mundo desea. Pero eres un outsider porque no puedes permitir que el impulso natural de huir de lo desconocido te domine, te esfuerzas por no escapar hacia lo que te resulta familiar.
Escribir supone todo lo contrario; es algo privado. La energía es tan intensa e interna, que a veces sientes que vas a estallar. Mucho de lo que ocurre en este proceso es invisible; te sientas enfrente de tu escritorio y parece que simplemente estés ahí sin hacer nada.

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Ray Bradbury:

Escribir no ha de ser algo serio, ha de ser una celebración, debes divertirte con ello. La escritura no es trabajo; si te lo parece, para y ponte a hacer cualquier otra cosa.
La gente siempre se pregunta qué hacer ante un bloqueo, ¿qué pasa si tienes un bloqueo y no sabes cómo solucionarlo? Es obvio que estás haciendo algo mal, ¿verdad?. Mientras escribes algo tu mente se queda en blanco y te dice “se acabó”. Tu subcosnciente te está diciendo “ya no me gustas, estás escribiendo sobre cosas que no me importan”. Estás entrando en política, desarrollando una conciencia social, estás escribiendo sobre cosas que pueden beneficiar al mundo… ¡Al carajo con eso! Yo no escribo cosas que beneficien al mundo; si casualmente lo hacen, genial, pero no era lo que pretendía, lo que yo me proponía era pasarlo bien.
No he trabajado un solo día de mi vida. El placer de escribir me ha movido día a día, año a año. Quiero que tú me envidies, que envidies mi disfrute. Pregúntate si lo estás pasando bien. Si tienes un bloqueo puedes solucionarlo parando de escribir sobre lo que estás escribiendo y pasando a otra cosa; elegiste una temática inadecuada.

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Charles Bukowski:

Si tienes que sentarte durante horas frente a la pantalla de tu ordenador o inclinado sobre tu máquina de escribir buscando palabras, no lo hagas.
Si lo haces por dinero o por fama, no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama, no lo hagas.
Si tienes que reescribir las cosas una y otra vez, no lo hagas.
Si el solo hecho de pensar en ello ya te supone un trabajo, no lo hagas.
Si intentas escribir como otra persona, no lo hagas.
Si tienes que esperar a que salga de ti, espera pacientemente. Si nunca ocurre, entonces haz otra cosa.
Si antes tienes que leérselo a tu mujer, a tu novio, a tus padres, o a cualquier otra persona… entonces no estás preparado.
No seas como tantos otros escritores, no seas como centenares de personas que se hacen llamar escritores, no seas aburrido y pretencioso, no dejes que te consuma el amor propio. Las librerías del mundo se han dormido con autores de tu estilo; no contribuyas a eso.
A no ser que salga de tu alma como un cohete… a no ser que quedarte parado te conduzca a la locura, el suicidio o el asesinato… no lo hagas. A no ser que salga sin permiso de tu corazón, de tu mente, de tu boca y de tu estómago… no lo hagas.

Escribe tu memoria con esto en mente

  • Las memorias, estilísticamente hablando, toman elementos de la ficción y el ensayo
  • El lector ha de sentir que le están hablando
  • Tienes que conseguir que se interese tanto por tu historia como por tu visión actual de las experiencias relatadas
  • Has de entretenerlo lo máximo posible
  • Debes escribir tu historia como si de una novela se tratara; incluyendo personajes, diálogos, trama, ritmo
  • Una memoria se basa en un momento de la vida en que se hace una elección importante a partir de la cual nada vuelve a ser igual
  • Cuando vayas a releer lo que has escrito piensa en si lo que estás contando es suficiente como para mantener su interés
  • No tengas miedo a la hora de recortar lo que consideres que pueda aburrirle
  • Aprende a diferenciar entre lo que a ti te parece interesante porque lo has vivido de lo que es interesante para cualquier persona ajena a tus vivencias
  • Tu memoria debe ser una composición de incidentes que puedas relatar con viveza. Si entre uno y otro no ocurre demasiado, deja esos tramos fuera
  • Has de convertir al lector en testigo de tus conflictos y desafíos
  • Con frecuencia una memoria comienza con un momento de crisis que debe ir desarrollándose hasta quedar resuelta al final
  • Es recomendable leer otras memorias y analizarlas
  • Tu memoria debe centrarse en un tema concreto, aunque toques otros secundarios
  • Debes mostrarte enfrentándote a obstáculos y resolviéndolos
  • Es extremadamente importante que utilices una voz lo suficientemente atractiva como para que los lectores quieran seguirte a través de las páginas
  • El lector sabe que has vivido lo que él está leyendo y espera que le ofrezcas tu punto de vista con respecto a lo narrado desde la reflexión

Qué repercusiones puede tener la publicación de una memoria

Al escribir nuestras memorias, recordar según qué hechos puede resultarnos doloroso. Además, debemos afrontar un montón de posibles repercusiones si decidimos publicarlas, ya que en ocasiones saldrán a la luz cosas que hasta el momento habían permanecido ocultas. Podremos alejar a familiares o amigos; sentir vergüenza; perder el trabajo y, por supuesto, también la privacidad.
A mucha gente le pesará que hablemos de ciertas cosas con las que guarda relación, y está en nuestras manos decidir hasta qué punto nos compensa enfrentarnos a esto.
Incluso si la historia que decides compartir con el mundo es positiva, tendrás que asumir que la gente, por lo general, es poco conformista. Algunos se enfadarán por no aparecer, otros por aparecer, alguno te dirá que esto o lo otro no fue así realmente…
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De cualquier forma, es fácil que los sacrificios se vean compensados.
A veces leemos historias que seguramente no han sido fáciles de escribir, dada su naturaleza. Sin embargo, el esfuerzo de los autores en muchos casos seguramente se viese premiado al llegar a lectores para los cuales su trabajo cambió algo.
Hace unos meses leí My thirteenth winter, donde su autora (Samantha Abeel) narraba las dificultades que la discalculia producía en todos los aspectos de su vida y, en un momento dado, contaba cómo en la presentación de un libro suyo se le había acercado un hombre increíblemente impresionado para decirle que acababa de cambiar su vida. Él también padecía este trastorno, pero no lo sabía; en aquel momento por fin pudo comprender lo que le había estado ocurriendo durante toda su vida, de repente todo había cobrado sentido para él.
Lo más bonito de las memorias es la posibilidad de repercutir en la vida de los lectores, y para ello es necesario correr ciertos riesgos.
Cuando leemos historias, es difícil no sentirnos identificados con ellas, o al menos con ciertos aspectos. Y el hecho de que esas historias sean reales, en ocasiones nos ayuda a sentirnos menos solos en el mundo.

Podemos contar lo vivido de muchas maneras, pero siempre evitando que parezca que estemos pidiendo al lector que se compadezca de nosotros. Podemos escribir desde la tristeza o desde el enfado, pero está terminantemente prohibido dar lástima. Un buen escritor habrá hecho las paces con lo que ha narrado antes de dar el paso de publicarlo. No hay que crearle al lector la sensación de que necesitamos atención y piedad; debemos limitarnos a informarlo y entretenerlo.

Cómo crear una rutina literaria

Se dice que los escritores suelen hacer más uso del hemisferio derecho del cerebro (el creativo) que del hemisferio izquierdo (el racional y analítico), por lo que es poco frecuente que estén predispuestos a tomarse un tiempo para planificar los momentos del día que dedicarán a la escritura. Hay quienes piensan que los horarios y la rutina matan la creatividad; pero lo cierto es que, si no nos obligamos a tenerlos y nos limitamos a esperar a que la inspiración nos llegue por arte de magia, escribiremos muchísimo menos. He aquí unas ideas para adquirir constancia:

  • Distribuye el trabajo teniendo en cuenta tus circunstancias. Es posible que haya un momento determinado del día en el que te sientas más relajado o motivado, así que procura reservarlo siempre para escribir. Cuando te dispongas a organizarte la jornada, ten en mente qué partes de tu libro requieren de mayor creatividad/reflexión y qué partes crees que te saldrán con más facilidad. Reserva los tramos complicados de la historia para los momentos en los que te resulte más fácil concentrarte y los más sencillos para las sesiones de escritura que tengas que llevar a cabo en momentos de mayor cansancio o estrés.
  • Escribe un diario con regularidad. Lo importante en este caso no será el contenido, sino la constancia. Esto es precisamente lo que hacía Leo Tolstoy para asegurarse de no perder la rutina.
  • Experimenta hasta encontrar lo que mejor te funcione. Ernest Hemingway escribía de pie; Mark Twain mientras fumaba puros; Edith Sitwell se tumbaba en un ataúd abierto antes de empezar; Stephen King a veces bebía tanto que ni siquiera recuerda haber escrito Cujo… No todos funcionamos de la misma forma.

rutina literaria

  • Apúntate a concursos literarios de vez en cuando. Aparte de las oportunidades que ofrecen (muchos autores nunca llegarían a publicar de manera tradicional de no ser por haber adquirido cierta notoriedad al haber ganado uno) fomentan la disciplina, puesto que participar en uno supone ceñirse a una fecha límite. Puede que a priori no te guste la idea, quizá te parece que las probablidades de ganar son nulas, pero recuerda que el cometido no es necesariamente resultar elegido, sino obligarte a crear un hábito positivo y sacar el trabajo adelante en un plazo de tiempo razonable. Piensa que quizá, en caso de no presentarte, jamás llegues a terminar de escribir tus historias por pura dejadez.
  • Inscríbete en talleres literarios. Te tocará lidiar con aspirantes a escritores endiosados y soportar críticas que posiblemente te hundirán en la miseria y en muchos casos serán completamente subjetivas, pero te curtirás de cara a lidiar con editores (e incluso críticos literarios en un futuro), superarás la vergüenza y te obligarás a escribir con asiduidad.

Historias fieles a la realidad

A veces, al escribir es difícil discernir los hechos reales de los sentimientos subjetivos que surgen de nuestros recuerdos. ¿Es preferible ceñirnos a la realidad o dejarnos llevar sin preocuparnos por la fidelidad de nuestra historia?
Hay escritores de memorias que preguntan a sus allegados acerca de episodios pasados para comprobar si realmente los recuerdan como fueron para así poder ofrecerle al lector una historia sin adulterar; o bien echan mano de cartas, e-mails o diarios para corroborar información. Otros, sin embargo, se valen simplemente de su memoria, sin darle importancia a si, por ejemplo, las fechas y las frases reales concuerdan con las que ellos recuerdan.
El caso es que no es absolutamente necesario que los detalles personales sean completamente fieles a la realidad, pero sí que debemos prestar atención a la hora de tocar información de dominio público. Si mencionamos alguna noticia de la época en la que transcurre la historia, o una canción que sonaba un determinado año, entonces sí que no tenemos excusa para no asegurarnos de que realmente podemos ubicarlas en un momento concreto. Si aportamos datos que el lector pueda identificar (algo recomendable para que se sienta involucrado en la historia) más nos vale no quedar mal ante él metiendo la pata.

memoria

A veces cambiaremos deliberadamente el orden de ciertos hechos, las expresiones… dejaremos fuera lo que consideremos que pueda resultar confuso para el lector… Pero todo lo haremos con la intención de dotar de claridad a la historia, asegurándonos de que la atmósfera y la esencia permanecen intactas.
A medida que vayamos escribiendo, nos sorprenderá lo maleables que son los recuerdos. No solo se transforman en nuestra mente antes de haberse plasmado en el papel, sino también después. Tras haber escrito sobre ellos, es posible que los recordemos tal cual aparecen en el folio y no tal cual los vivimos originalmente.
También es posible que deformemos la realidad aproximándola a lo que hubiésemos deseado, pero eso ya es harina de otro costal…

Algunos temas intentaremos evitarlos por resultarnos demasiado dolorosos, aunque nuestro deber es enfrentarnos a ellos. Ya no solo como escritores de memorias, sino como personas dispuestas a superarlos. Y es que no hay nada más catártico que escribir una memoria. Aparte, eliminar las inhibiciones es clave incluso si lo que queremos es escribir ficción.
Un buen recurso para lidiar con asuntos tabú es el humor. No importa lo sombrío que sea el tema a tratar, siempre podremos darle un toque que ayude a los lectores a digerirlo y a nosotros a sacárnoslo de dentro.
Esto será algo que consigamos cambiando el tono, que no es lo mismo que la voz. La voz es nuestra identidad, mientras que el tono es un indicador de nuestra actitud hacia lo que estamos narrando en un momento dado.
Las memorias son recreaciones del pasado en las cuales la interpetación personal juega un papel importante, por lo que conseguir serle fiel a nuestra historia no es fácil. No obstante, repito que esto no debe preocuparnos; lo importante es que la voz y el tono reflejen fielmente nuestro punto de vista.

Identificando obstáculos

Los obstáculos son imprescindibles en cualquier historia. Algunos serán externos (por ejemplo: quieres ir a un sitio, pero tu situación económica te lo impide) y otros internos (por ejemplo: quieres alcanzar una meta, pero para conseguirlo has de enfrentarte a circunstancias que te provocan un miedo atroz). Tanto una memoria como una historia de ficción deben ser ricas en obstáculos internos que muestren el mundo interior del protagonista.
Al final siempre tendremos que haber resuelto el obstáculo presentado al inicio, que será interno, puesto que lo que queremos es mostrar nuestro desarrollo personal/crecimiento como personajes de la historia que protagonizamos, ya que si en una memoria no queda reflejada una evolución, esta resultará superficial y el lector no sentirá la necesidad de invertir su tiempo en ella.

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A la hora de escribir una memoria, la clave principal es identificar el objetivo que perseguíamos en la etapa de nuestra vida que queremos narrar. Ese algo es lo que nos llevó a pasar por todo lo que pasamos dando lugar a esa historia que tenemos en el tintero y que pretendemos compartir con el mundo. Para dar con ello basta con preguntarnos qué queríamos, ampliando la información para obtener la estructura básica de nuestra memoria:

  • Quería…
  • Lo quería porque…
  • Para obtenerlo, yo…
  • Sin embargo, algo se interpuso en mi camino:
  • Opté por una alternativa, así que…
  • Constantemente pensaba que…
  • El punto de no retorno llegó cuando…
  • Al ocurrir aquello, me percaté de…
  • Después de eso…

Pero el orden no ha de ser necesariamente este. Para dotar a nuestra memoria de efectividad, podemos recurrir a cualquiera de estas técnicas literarias.
Lo inamovible es que, para cuando lleguemos a la resolución, ya debemos haber resuelto el problema inicial, así como todas sus ramificaciones. En la resolución nos mostraremos llegando a una conclusión final y, posiblemente, tomando una decisión. Lo ideal, además, es que el lector nos vea reaccionando, afrontando los cambios que susodicha decisión acarrea.
No podemos olvidar que el objetivo de una buena memoria no debe reducirse a narrar lo ocurrido, sino que es necesario centrarse en el impacto emocional, en mostrar la influencia que todo aquello que vivimos ejerció sobre nosotros.

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