Tema, enfoque, voz, recuerdos…

Tema y enfoque:

A veces es posible que el tema escogido para nuestra memoria o ensayo simplemente no funcione como esperábamos. En ese caso es conveniente centrarnos en otro diferente. Hay que tener en cuenta que una memoria gira en torno a una etapa concreta de nuestra vida (de lo contrario sería una autobiografía), así que contamos con una amplia selección de temas aspirantes a convertirse en el principal; no tenemos por qué empeñarnos en utilizar uno en concreto si vemos que no fluye como imaginábamos. No obstante, si tenemos un especial interés en desarrollar un tema en concreto, podemos adoptar distintos enfoques y ver cuál le va mejor.

Expresando opiniones:

Hay que tener cuidado a la hora de expresar un punto de vista, porque tu opinión en realidad no le importa al lector. Lo que el lector quiere es que le muestres es aquello que te llevó a pensar como piensas, lo que pasó antes de que te formaras la opinión en cuestión. Tus pensamientos te los puedes ahorrar en este caso, porque lo que él quiere es sacar sus propias conclusiones. Una vez más, volvemos al mostrar en lugar de contar.

En cualquier género es de vital importancia tener voz propia.

En cualquier género es de vital importancia tener voz propia.

Encontrando tu voz:

Cuando hablamos de encontrar la voz nos referimos a que prácticamente no haga falta que los demás miren nuestra firma para reconocer como nuestro lo que acaban de leer. Debemos aspirar a que nuestra voz sea única, porque teniendo una voz característica podemos escribir sobre un tema trillado y aún así crear algo completamente diferente de lo de los demás. Para practicar puedes escoger cualquier tema que haya sido tratado hasta la saciedad y darle la vuelta, intentando diferenciarte de todos los autores que lo hayan escogido antes que tú.
El tono también lo determinan los detalles en los que decides enfocarte, ya que éstos pueden transformar una historia manida en algo casi inédito. La clave está en buscar diferenciarse, en ofrecer algo único.

Escribiendo sobre recuerdos:

Escribir sobre lo que recordamos nunca resulta fácil. Y es que tenemos en nuestro haber el recuerdo original y las interpretaciones que hemos ido haciendo sobre el mismo a lo largo de los años. Los lectores son conscientes de esto y no les importa, así que no pasa nada por admitir que las anécdotas que contamos no siempre son completamente fieles a la realidad. Al fin y al cabo nadie tiene una memoria perfecta que permita conservar los recuerdos intactos con el paso del tiempo.
La forma en que recordamos las cosas puede verse influenciada por la etapa de la vida que estamos atravesando. No importa que mostremos nuestros esfuerzos por dotar de sentido nuestras vivencias pasadas desde una perspectiva actual.

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Enfoque y estructura

Cuando se escribe una memoria, lo normal es preguntarse a quién le importa nuestra historia. Pero lo que realmente debemos preguntarnos en un principio no es a quién le importa, sino por qué nos importa a nosotros.
Dejemos atrás los sentimientos de presuntuosidad que puedan asaltarnos y pongámonos manos a la obra. Quitémonos los prejuicios de la cabeza; no por escribir sobre uno mismo se es más orgulloso.
Eso sí, escribamos con los pies en la tierra, porque escribir memorias no es en absoluto más fácil que escribir ficción. Cierto es que al escribir sobre nuestras vivencias no tendremos que inventar ninguna historia, pero sí estructurarla de una manera adecuada, así como seleccionar y reordenar; y, al contrario de lo que pueda parecer, esto no es para nada sencillo.

estructura

Unas memorias difieren de otras abismalmente en lo que a estructura se refiere. Las hay que adoptan técnicas de la novela, y las hay que las toman del ensayo. No es más válida una cosa que otra, cada uno es libre de decidir qué se adapta mejor a su trabajo.
Muchas memorias y autobiografías son en realidad una recopilación de ensayos o historias cortas con un tema en común que juntas forman otra historia más extensa. Es posible que, después de escribir lo que nosotros considerábamos un buen puñado de memorias breves, veamos que en realidad son pequeñas partes de un todo, y que lo que hemos hecho en realidad ha sido redactar una sola historia de gran extensión.
A veces es posible que nos encontremos con la estructura ideal conforme vayamos escribiendo, por eso debemos fijarnos bien en los patrones estilísticos que repetimos; nos serán de gran ayuda a la hora de identificar los indicios de nuestra estructura. También es aconsejable fijarse en la estructura de los libros que leamos, puesto que sacaremos de ellos muy buenas ideas aplicables a nuestras obras.
Puede que escojamos una estructura antes de ponernos a escribir y, en la práctica, nos percatemos de que no funciona tan bien como creíamos. No pasa nada, el truco está en seguir experiemientando con otras hasta dar con la fórmula perfecta. No olvidemos que escribir es reescribir.

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