Las cuatro fases de la creatividad

Según Graham Wallas, el proceso creativo se compone de cuatro fases.

Preparación:
Durante la fase de preparación el pensador acondiciona el terreno mental para plantar las semillas. Es la acumulación de recursos intelectuales a partir de la cual se construyen nuevas ideas. Es un proceso completamente consciente que conlleva investigar, planificar y entrar en una correcta disposición mental que nos permita prestar la máxima atención.

Incubación:
Este, a diferencia del anterior, es un periodo de procesos inconscientes durante el cual ningún esfuerzo directo es aplicado a lo que tenemos entre manos. Según Wallas, durante la incubación no deliberamos conscientemente, dando lugar a una serie de procesos mentales involuntarios.
Wallas defiende que frecuentemente podemos obtener mayores resultados encargándonos de varios problemas en sucesión, dejándlos sin resolver para volver a otros, que solucionándolos de una sentada. En definitiva, se percató de que muchas ideas vienen a nosotros únicamente cuando pasamos un tiempo alejados del problema.

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Iluminación:
Para esta fase, Wallas se basó en el concepto de la iluminación repentina, del erudito Henri Poincaré. Consiste en un flash de conocimiento que el ser consciente no puede elegir y que el ser subliminal solo puede recibir una vez que todos los elementos reunidos en la fase de preparación han merodeado libremente durante el proceso de incubación y están preparados para encajar en una nueva formación. Ese click final es la culminación de una exitosa cadena de asociaciones que probablemente ha estado precedida por otra serie de asociaciones no exitosas que pueden haber rondado por nuestra mente de minutos a horas.
En resumidas cuentas, según Wallas las ideas creativas surgen al descansar la mente realizando otras actividades, y se ordenan mientras estamos desprevenidos intentando solucionar otra cosa.

Verificación:
Esta última fase, a diferencia de la segunda y la tercera, comparte con la primera un esfuerzo deliberado y consciente en la forma de probar la validez de la idea. Aquí se determina si la idea realmente resuelve el problema. Puesto que las grandes ideas no siempre funcionan al ponerlas en práctica, esta fase es de vital importancia para el éxito de cualquier proyecto.

El el flujo diario de pensamientos estas cuatro fases se solapan constantemente. Por ejemplo, un psicólogo estudiando un experimento puede al mismo tiempo estar incubando una cuestión que se le presentó unos días atrás, mientras acumula conocimientos para la preparación de un segundo problema y verifica las conclusiones de un tercero. Incluso al explorar un solo asunto, la mente puede encontrarse incubando un aspecto del mismo, mientras conscientemente se dedica a preparar o verificar otro diferente.

Ficción autobiográfica

Antes de nada quiero pedir disculpas a quienes seguís el blog. Últimamente lo he descuidado un poco por haber estado más ocupada de lo habitual. Redactar entradas lleva un tiempo considerable y prefiero no postear nada nuevo a poner cualquier cosa para salir del paso. Dicho lo cual, procedo a hablar del tema que nos ocupa:

Tanto en la ficción autobiográfica como en la memoria, el autor incluye partes de su vida (obviamente). La principal diferencia radica en la medida en que comparte vivencias personales. La ficción autobiográfica suele narrar la experiencia del autor a través de un personaje principal inspirado en sí mismo, pero a su vez incluye partes ficticias que ayudan a preservar la intimidad de los personajes que están basados en gente real, o incluso del propio escritor. La ficción autobiográfica, además, nos ofrece la ventaja de poder dar rienda suelta a nuestra imaginación cuando no recordemos ciertas cosas con demasiada exactitud, así como de reordenar hechos a nuestro antojo.

Existen numerosas variaciones, y a veces es muy difícil distinguir una memoria de un libro de ficción.
Centrémonos en la ficción autobiográfica: trabajos de ficción que contienen hechos y personajes procedentes de la vida del autor.
Según Stephen King, el hotel Overlook de El Resplandor está basado en un hotel real de Colorado. La mayoría de sus historias tienen lugar en Maine porque él es de allí. Todas las películas de John Waters se desarrollan en Baltimore por la misma razón, y sus personajes están en parte inspirados por sus habitantes.
Dan Fante es un buen ejemplo de autor de ficción autobiográfica. En sus novelas utiliza un alter ego llamado Bruno Dante, que en la mayoría de las ocasiones recrea en las páginas de sus libros lo que el autor vivió. Sin embargo, podemos deducir por ciertas frases de sus entrevistas que de vez en cuando echa mano de su imaginación: “Cada día leía las dos páginas anteriores y proseguía. No tenía ni idea del final”. “Me iba a tomar un café con unos amigos y me aparecía un personaje del libro y lo que le ocurriría”.

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Al convertir la realidad en ficción es mejor quedarse con lo esencial y descartar el resto. Lo menos atractivo puede ser sustituido por algo que encaje mejor. En la ficción narrativa hay que aproximarse más al impacto que a la realidad.
En una memoria no es absolutamente necesario que los hechos sean presentados con la perfección narrativa de la ficción, pero aquí sin embargo debe haber mucha más armonía; los elementos reales deben casar con los ficticios sin que pueda percibirse una diferencia entre unos y otros.
Para practicar puedes escribir sobre un hecho real, seleccionar lo esencial y posteriormente integrarlo en una historia corta (de ficción).

“La razón por la cual la ficción es más interesante que cualquier otra forma de literatura (para quienes disfrutan estudiando a la gente) es que en la ficción el autor puede contar la verdad sin humillarse a sí mismo.”
Eleanor Roosevelt.

La influencia de la vida de un autor en sus trabajos de ficción

Un buen ejemplo de autora que se basa en sus vivencias a la hora de escribir ficción es la francesa Virginie Despentes, que alcanzó su fama cuando su novela Baise-moi (traducida como Fóllame en España y como Viólame en Latinoamérica) fue adaptada al cine con ella como co-directora, un sinfin de polémicas y un resultado no demasiado óptimo, todo hay que decirlo.

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En los libros de ficción de Virginie queda claramente patente lo que la marcó en la vida real, como el sentimiento de marginalidad y odio que despierta la prostitución en Fóllame o el sórdido submundo de los peep shows en Perras Sabias. Y es que Despentes, antes de convertirse en escritora, fue prostituta y bailarina en un peep show.
En el 2006, después de haber publicado tres obras de ficción, apostó por un libro que mezcla autobiografía y ensayo: Teoría King Kong (editado en España por Melusina), en el que hablaba, una vez más, de la prostitución y de la violación; pero también de la relación entre el hombre y la mujer, de los iconos femeninos impuestos, etc. Y lo hace invitando a la reflexión.

Otro ejemplo (bastante más light) de autora que crea inspirándose en sus propias vivencias y en las de sus allegados es Lena Dunham, que tan de moda está ahora gracias a la serie que dirige y protagoniza: Girls, cuyos episodios se centran en las idas y venidas de cuatro veinteañeras de Nueva York que luchan por salir adelante y aclararse con respecto a lo que quieren hacer con sus vidas, fracasando estrepitósamente en el intento.
El gran éxito de Girls demuestra que el público necesita material con el que identificarse. Antes de que esta serie se emitiese, había un nicho aclamando ser ocupado. La gente estaba ya harta del universo de fantasía de series como Sexo en Nueva York (de hecho, muchos califican Girls como una versión realista de esta) y Lena supo ver el filón, así que se puso a escribir sobre lo que conocía y la audiencia la recibió con los brazos abiertos.

A finales del año pasado firmó un contrato con Random House para publicar su primer libro, un ensayo autobiográfico en el que actualmente se encuentra trabajando que llevará por título Not That Kind of Girl: A Young Woman Tells You What She’s Learned (No soy una chica de ese tipo: Una mujer joven te cuenta lo que ha aprendido).

Por si alguien habla (o por lo menos entiende) el inglés, cierro el post con una entrevista en la que cuenta lo que le supone escribir sobre lo que le ocurre:

“Si escribo sobre alguna interacción que hayamos tenido posiblemente te enfadarás, pero no me importa, porque mi trabajo es más importante que conocerte”. Ciertamente suena mal, pero cuando escribimos memorias, el egoismo definitivamente es un factor a tener en cuenta.  Siempre hay que pararse a pensar si merece la pena sacrificar ciertas relaciones en pos de nuestra historia.

Realidad vs ficción

Muchos autores escriben libros con características propias de las memorias, pero no los definen como tales. En la mayor parte de los casos son ensayos autobiográficos, como por ejemplo el best-seller Me Dijeron Que Habría Pastel, de Sloane Crosley.
Dan Fante revive su vida ante sus lectores, pero aún así sus libros se encuentran bajo la categoría de ficción. ¿Si recopilas anécdotas de etapas dispares y con todas ellas estructuras una sola historia, entonces no se le llama memoria, sino ficción? No se trata de eso exactamente. Lo que ocurre es que lo que escribe Dan Fante puede considerarse realismo sucio, que se caracteriza, entre otras cosas, por su falta de resolución y ausencia de reflexiones, elementos de vital importancia en una memoria al uso.

De todas formas, es difícil que las memorias no contengan cierta parte de ficción. Al fin y al cabo, lo que recordamos rara vez es exactamente lo que ocurrió en realidad. Nuestra mente distorsiona los hechos con el paso del tiempo; la prueba está en que cuando se comenta una anécdota en grupo, cada persona recuerda una versión ligeramente diferente de lo sucedido.
Es normal que modifiquemos las conversaciones a propósito, reduciéndolas a las partes que ayudarán a que nuestra historia avance.
Muchos autores de memorias, además, suelen alterar el orden de los acontecimientos porque consideran que así funcionan mejor en papel.

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Por mucho que lo intentemos, nunca conseguiremos que nuestras memorias sean fieles a la realidad al cien por cien. Tengamos en cuenta que nuestro deber es cambiar los nombres de todos los personajes, con el fin de proteger las identidades de las personas de las que hablemos. En ocasiones incluso será conveniente que hagamos lo mismo con locales, ciudades, etc.
Hay quienes van más lejos y crean un personaje a partir de una mezcla de características de diversas personas reales; o quienes, entre anécdota y anécdota, rellenan huecos con algo que no sucedió realmente. Si consideras esto último, ten en cuenta que en caso de que tu memoria llegue a venderse, correrás el riesgo de ser descubierto; y no sería ni la primera ni la última vez que ocurriera.

Se mire por donde se mire, realidad y ficción siempre van unidas de alguna forma. Para muestra, un botón; esto es lo que dijo Gabriel García Márquez sobre la realidad: “lo más lejos a lo que he podido llegar es a transponerla con recursos poéticos, pero no hay una sola línea en ninguno de mis libros que no tenga su origen en un hecho real”.

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