Escribir con humor

El humor es un excelente recurso, aunque suele funcionar mejor cuando escribimos piezas cortas. Mantenerlo durante toda una memoria, por ejemplo, es difícil. El lector espera que te sinceres con él y que te muestres cercano, y esto no siempre se logra desde un tono cómico.
No obstante, a veces el humor puede resultarnos muy útil. Por ejemplo, en esos casos en que queremos tocar temas muy delicados, pero sin caer en los típicos dramatismos ni en la sensiblería.
Al escribir puedes (y debes) olvidarte de las convenciones sociales. Mientras estás escribiendo, no es necesario que seas simpático; ni siquiera políticamente correcto. Una persona civiliada sabe censurar sentimientos fuertes y palabras irracionales, lo analiza todo antes de hablar; pero tú, como escritor, no necesitas hacerlo. Exhibe tus sentimientos y tus lectores te lo agradecerán.
El humor es un buen recurso para suavizar la negatividad. Si sabes utilizarlo, el lector no sólo no acabará quemado de tus quejas, sino que además las disfrutará. Y es que, el humor inteligente siempre gira en torno a temas ásperos. Lo que solemos hacer es convertir asuntos deprimentes en comedia.
Una vez más: la importancia de un texto, más que en el tema, suele radicar en el tono. Las editoriales, cuando se trata de publicar memorias, se inclinan bastante hacia el sarcasmo y el humor; sin embargo, lo excesivamente sentimental muchas veces les repele. Esto ocurre porque, básicamente, la gente tira mucho del drama cuando escribe historias personales, y leer más de lo mismo, obviamente, termina aburriendo. Aparte, sobra decir que, en esta etapa de crisis, lo que el público busca es evadirse, no hundirse más en la miseria a través de la lectura.

escribir-con-humor

Pero lo mejor, sin duda, es aprender leyendo a gente que ya ha puesto en práctica (y exitosamente) toda la teoría. Así que aquí os dejo una lista de memorias recomendables cuyos autores tienen al humor como principal aliado:

Lamentaciones de un prepucio, de Shalom Auslander
El funcionario desnudo, de Quentin Crisp
Una familia tragicómica, de Alison Bechdel
En el dique seco, de Augusten Burroughs
Vida entre los salvajes, de Shirley Jackson
Whishful drinking, de Carrie Fisher

Anuncios

Historias fieles a la realidad

A veces, al escribir es difícil discernir los hechos reales de los sentimientos subjetivos que surgen de nuestros recuerdos. ¿Es preferible ceñirnos a la realidad o dejarnos llevar sin preocuparnos por la fidelidad de nuestra historia?
Hay escritores de memorias que preguntan a sus allegados acerca de episodios pasados para comprobar si realmente los recuerdan como fueron para así poder ofrecerle al lector una historia sin adulterar; o bien echan mano de cartas, e-mails o diarios para corroborar información. Otros, sin embargo, se valen simplemente de su memoria, sin darle importancia a si, por ejemplo, las fechas y las frases reales concuerdan con las que ellos recuerdan.
El caso es que no es absolutamente necesario que los detalles personales sean completamente fieles a la realidad, pero sí que debemos prestar atención a la hora de tocar información de dominio público. Si mencionamos alguna noticia de la época en la que transcurre la historia, o una canción que sonaba un determinado año, entonces sí que no tenemos excusa para no asegurarnos de que realmente podemos ubicarlas en un momento concreto. Si aportamos datos que el lector pueda identificar (algo recomendable para que se sienta involucrado en la historia) más nos vale no quedar mal ante él metiendo la pata.

memoria

A veces cambiaremos deliberadamente el orden de ciertos hechos, las expresiones… dejaremos fuera lo que consideremos que pueda resultar confuso para el lector… Pero todo lo haremos con la intención de dotar de claridad a la historia, asegurándonos de que la atmósfera y la esencia permanecen intactas.
A medida que vayamos escribiendo, nos sorprenderá lo maleables que son los recuerdos. No solo se transforman en nuestra mente antes de haberse plasmado en el papel, sino también después. Tras haber escrito sobre ellos, es posible que los recordemos tal cual aparecen en el folio y no tal cual los vivimos originalmente.
También es posible que deformemos la realidad aproximándola a lo que hubiésemos deseado, pero eso ya es harina de otro costal…

Algunos temas intentaremos evitarlos por resultarnos demasiado dolorosos, aunque nuestro deber es enfrentarnos a ellos. Ya no solo como escritores de memorias, sino como personas dispuestas a superarlos. Y es que no hay nada más catártico que escribir una memoria. Aparte, eliminar las inhibiciones es clave incluso si lo que queremos es escribir ficción.
Un buen recurso para lidiar con asuntos tabú es el humor. No importa lo sombrío que sea el tema a tratar, siempre podremos darle un toque que ayude a los lectores a digerirlo y a nosotros a sacárnoslo de dentro.
Esto será algo que consigamos cambiando el tono, que no es lo mismo que la voz. La voz es nuestra identidad, mientras que el tono es un indicador de nuestra actitud hacia lo que estamos narrando en un momento dado.
Las memorias son recreaciones del pasado en las cuales la interpetación personal juega un papel importante, por lo que conseguir serle fiel a nuestra historia no es fácil. No obstante, repito que esto no debe preocuparnos; lo importante es que la voz y el tono reflejen fielmente nuestro punto de vista.

Blog de WordPress.com.