La reflexión, un ingrediente esencial

En las memorias prima la reflexión, eso está claro; lo que quizá no está tan claro es cuándo debemos hacerla explícita y cuándo no.
Hay autores que plasman su proceso reflexivo en las páginas de sus libros, pero separándolas adecuadamente de las experiencias que dieron lugar a ellas, eso sí. Otros, sin embargo, reflexionan fuera de la vista del lector, pero comparten con él el resultado de sus meditaciones sobre las vivencias narradas. Lo que debemos tener en cuenta es que, en cualquier caso, hay que conseguir que el lector sepa diferenciar sin dudar la voz retrospectiva del resto del texto.
Para indicar reflexión podemos utilizar frases como “¿Por qué él/ella…?”, “podía haber hecho”, “siempre me pregunté por qué”
Una memoria es, en esencia, el anhelo de un autor por encontrar una explicación para los hechos de los que nos hace partícipes.
reflexion
Al igual que antes de ponernos a escribir ficción lo ideal es tener medianamente listos los personajes y la historia a desarrollar, con las memorias es conveniente haber reflexionado sobre cómo nos sentimos con respecto a lo que contaremos antes de comenzar a escribir. Aún así, muchas respuestas surgirán una vez estemos sumergidos en el proceso de escritura.
En la medida de lo posible, hay que evitar que una memoria sea únicamente una sucesión de anécdotas; lo suyo es añadirle sustancia, y eso es algo que lograremos abriéndonos a la susodicha reflexión. Si no llegamos a entender lo que nos ha ocurrido, el resultado será superficial. Así que para lograr escribir un libro óptimo, a veces es conveniente dejar pasar tiempo (en algunos casos incluso décadas) para procesar e interiorizar lo vivido y poder así ofrecer al lector una visión más clara y profunda. Aunque hay autores que optan por reflejar el impacto más inmediato de los hechos y también consiguen resultados más que aceptables. No todo el mundo necesita el mismo tiempo de preparación para crear.

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Antes de empezar a escribir…

Antes de ponerte manos a la obra con tu memoria, pregúntate lo siguiente:

-Cuál es tu motivación para escribirla
-Si realmente necesitas escribirla
-Si crees en ella
-Qué temas tratará, en qué etapa o etapas de tu vida se centrará
-Qué personas/hechos del pasado ocupan tu mente
-Si a partir de tus vivencias podrás crear una trama
-Si tu historia se mueve o por el contrario es estática (lo cual no es válido)
-Qué te ha formado o supuesto un reto en el pasado
-Si el mundo de tu historia es objetivamente interesante
-Qué está en juego a lo largo de tu historia
-Si este algo será fácil de entender para tus lectores
-Si habrá sorpresas
-Cuál será su estructura (una historia completa o fragmentada en una serie de narraciones cortas, por ejemplo)
-Si será de cariz dramático, humorístico…
-Si relatarás los hechos en orden cronológico o no
-Aparte de ti, qué otros personajes principales aparecerán
-A qué público estará destinada en caso de decidir publicarla

Es posible que, pese a creer en tu historia, pienses que a nadie más le va a interesar por ser tú un don nadie. Pero lo cierto es que las mejores memorias no las escriben famosos.
A Nancy Mairs (una escritora americana desconocida en España, pero que goza de cierta popularidad en Estados Unidos), la reputada personalidad que impartía un taller literario al que asistía le dijo que sus memorias no se podían leer, aunque de ser famosa eso no importaría a la hora de vender libros. Desanimada ante tal crítica, Nancy abandonó su ambición pensando que no tenía sentido seguir escribiendo. Sin embargo, al cabo de un tiempo decidió olvidarse de aquello y retomó la escritura. ¿El resultado? Remembering The Bone House, una exitosa memoria, entre otros trabajos. Este es un claro ejemplo de tantos que nos muestra que no es necesario ser famoso para generar interés por nuestras vivencias, y que una simple crítica subjetiva no debe frenarnos.

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Al principio también conviene tener en cuenta lo siguiente:

No hay que acelerar el proceso. Saber escribir no nos hace automáticamente capaces de redactar lo que queremos. El proceso de aprendizaje lleva su tiempo; asúmelo.
Cuando empieces posiblemente no te gustará nada de lo que escribas; pero ojo, esto no significa que sea una basura, a todo el mundo le pasa. Un escritor siempre es su mayor crítico.
Aunque la idea de borrarlo todo ante la frustración sea tentadora, no te precipites; deja reposar tus textos y vuelve a leerlos o a corregirlos dentro de un tiempo. Si entonces siguen sin convencerte, en ese caso, y solo en ese caso, no dudes en desecharlos para volver a empezar.
Si te impacientas cuando lees y relees lo que ya has escrito es porque no te estás sumergiendo en el proceso de reflexión necesario para escribir una memoria. Arriésgate, introdúcete de lleno en tu historia, déjate llevar, experimenta; ya pensarás en hacia dónde está yendo más adelante, para corregir siempre habrá tiempo más adelante.

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