Cuatro preguntas clave

¿Sobre qué escribir?

Debemos ser cuidadosos al escoger los temas centrales de nuestras memorias. Una forma eficaz de elegirlos acertadamente es pensar en los acontecimientos de nuestra vida que realmente nos cambiaron de alguna forma, que tuvieron un profundo impacto en nuestra existencia. Tenemos que buscar la catarsis.
Seguramente recordemos un montón de anécdotas vistosas, pero si las analizamos nos daremos cuenta de que la gran mayoría no fueron más que eso: vivencias llamativas que no cambiaron el rumbo de nuestra vida ni influyeron en nuestra forma de ser. Y, aunque hay que desecharlas como temas centrales, sí que es aconsejable incluirlas en la historia como lo que son: anécdotas secundarias.

¿Cómo escribir?

Una vez escogido el tema central, pasamos al “problema” de cómo estructurar la historia. Todos conocemos de sobra el esqueleto de toda historia de ficción narrada de manera convencional: el protagonista quiere algo que no puede tener, intenta conseguirlo, se le presentan unos cuantos impedimentos por el camino y, finalmente, la historia se resuelve con el personaje principal transformado. Pues la memoria y el ensayo no son casos aparte, por lo que esta estructura básica nos servirá de guía a la hora de escoger qué contar y cómo contarlo. Es cuestión de tener en mente los elementos clave: personaje, conflicto, lucha, transformación y resolución.

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¿Cómo arrancar?

Tenemos la opción de abrir la historia presentando a un personaje. No es necesario que lo hagamos describiendo su físico y su carácter; de hecho es mucho más eficaz presentarlo en acción y dejando que el lector saque sus propias conclusiones.
También es posible empezar hablando de un sitio que esté estrechamente ligado a la historia. Podemos limitarnos a describir el lugar estáticamente, o señalando sus caracterísiticas a medida que nuestro personaje vaya avanzando por el mismo.
Éste será un principio estático, ya que nos tomamos la narración con calma; presentamos al personaje, describimos el tiempo, el lugar en el que se desarrolla la historia… En un principio con movimiento, sin embargo, entraremos de lleno a la acción; permitiremos que el lector vea lo que está ocurriendo desde el comienzo y le obligaremos a hacerse preguntas sobre lo que está pasando.

¿Cómo encontrar tu voz?

Puede decirse que un autor ha conseguido encontrar su voz cuando esta logra ser reconocible. Aunque un escritor de ficción hable a través de diferentes personajes, su estilo siempre queda patente. Básicamente, eso es la voz: una seña de identidad. El hecho de escribir memoria no es excusa para no buscarla, nuestra narración ha de tener tanta personalidad como cualquier trabajo de ficción.
Encontrar nuestra voz es sumamente importante. A partir de ella el lector podrá deducir si nuestras memorias son cómicas, dramáticas, etc. Además, aunque nuestra temática ya haya sido tratada infinidad de veces antes, es posible que simplemente gracias a nuestra voz nuestra historia resulte novedosa. Como decía Jack Kerouac “no es lo que escribes, sino cómo lo escribes”.
Dejemos que vaya emergiendo con naturalidad, no la forcemos. Y, sobre todo, no intentemos copiar la de otros.

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