Identificando obstáculos

Los obstáculos son imprescindibles en cualquier historia. Algunos serán externos (por ejemplo: quieres ir a un sitio, pero tu situación económica te lo impide) y otros internos (por ejemplo: quieres alcanzar una meta, pero para conseguirlo has de enfrentarte a circunstancias que te provocan un miedo atroz). Tanto una memoria como una historia de ficción deben ser ricas en obstáculos internos que muestren el mundo interior del protagonista.
Al final siempre tendremos que haber resuelto el obstáculo presentado al inicio, que será interno, puesto que lo que queremos es mostrar nuestro desarrollo personal/crecimiento como personajes de la historia que protagonizamos, ya que si en una memoria no queda reflejada una evolución, esta resultará superficial y el lector no sentirá la necesidad de invertir su tiempo en ella.

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A la hora de escribir una memoria, la clave principal es identificar el objetivo que perseguíamos en la etapa de nuestra vida que queremos narrar. Ese algo es lo que nos llevó a pasar por todo lo que pasamos dando lugar a esa historia que tenemos en el tintero y que pretendemos compartir con el mundo. Para dar con ello basta con preguntarnos qué queríamos, ampliando la información para obtener la estructura básica de nuestra memoria:

  • Quería…
  • Lo quería porque…
  • Para obtenerlo, yo…
  • Sin embargo, algo se interpuso en mi camino:
  • Opté por una alternativa, así que…
  • Constantemente pensaba que…
  • El punto de no retorno llegó cuando…
  • Al ocurrir aquello, me percaté de…
  • Después de eso…

Pero el orden no ha de ser necesariamente este. Para dotar a nuestra memoria de efectividad, podemos recurrir a cualquiera de estas técnicas literarias.
Lo inamovible es que, para cuando lleguemos a la resolución, ya debemos haber resuelto el problema inicial, así como todas sus ramificaciones. En la resolución nos mostraremos llegando a una conclusión final y, posiblemente, tomando una decisión. Lo ideal, además, es que el lector nos vea reaccionando, afrontando los cambios que susodicha decisión acarrea.
No podemos olvidar que el objetivo de una buena memoria no debe reducirse a narrar lo ocurrido, sino que es necesario centrarse en el impacto emocional, en mostrar la influencia que todo aquello que vivimos ejerció sobre nosotros.

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