Rutinas diarias de autores consagrados

Paul Auster:
“Me levanto por la mañana, leo el periódico, me bebo una taza de té, voy al pequeño apartamento que tengo en el barrio y trabajo durante seis horas. Después me dedico a hacer los trámites y tareas que me correspondan ese día. Me he dado cuenta de que escribir novelas te absorbe por completo, tanto física como mentalmente, tengo que hacerlo todos los días para poder seguir el ritmo, para centrarme en lo que estoy haciendo. Todos los domingos, si me es posible y no tengo compromisos familiares, trabajo al menos por la mañana. Cuando viajo durante dos semanas o más me cuesta muchísimo recuperar el ritmo que había llevado hasta el momento, suelo necesitar alrededor de una semana para retomarlo.”

Ray Bradbury:
“Mi pasión me conduce hasta la máquina de escribir todos los días de mi vida, me ha conducido a ella desde que tenía doce años, así que nunca tengo que preocuparme por establecer un horario. Siempre hay algo que estalla en mi interior y me programa, no tengo que molestarme en programarlo yo; me dice: ve hacia la máquina de escribir y termina esto. Puedo trabajar en cualquier parte. Crecí escribiendo en habitaciones y salas de estar con mis padres y mi hermano en una pequeña casa en Los Ángeles. Trabajaba con mi máquina de escribir en la sala de estar, con la radio puesta y los miembros de mi familia hablando todos al mismo tiempo. Más adelante, cuando me proponía escribir Farenheit 451, fui a UCLA y encontré una habitación con una máquina de escribir que por diez centavos te proporcionaba media hora de escritura.”

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Stephen King:
“Hay ciertas cosas que hago si me siento a escribir, me tomo un vaso de agua o una taza de té. Desde las ocho hasta las ocho y media permanezco sentado en alguna parte. Me tomo mis vitaminas, pongo música y ordeno los papeles. El propósito de hacer todo esto cada día a la misma hora es el de comunicarle a mi mente que pronto se pondrá a soñar. No dista mucho de la rutina para ir a domir; yo me lavo los dientes y las manos, compruebo que mis almohadas estén colocadas de cierta forma…”

Jack Kerouac:
“Una vez tuve un ritual que consistía en encender una vela, escribir bajo su luz y apagarla al finalizar por esa noche, así como ponerme de rodillas y rezar antes de empezar. Lo saqué de una película francesa sobre George Frideric Handel.”

Cómo crear una rutina literaria

Se dice que los escritores suelen hacer más uso del hemisferio derecho del cerebro (el creativo) que del hemisferio izquierdo (el racional y analítico), por lo que es poco frecuente que estén predispuestos a tomarse un tiempo para planificar los momentos del día que dedicarán a la escritura. Hay quienes piensan que los horarios y la rutina matan la creatividad; pero lo cierto es que, si no nos obligamos a tenerlos y nos limitamos a esperar a que la inspiración nos llegue por arte de magia, escribiremos muchísimo menos. He aquí unas ideas para adquirir constancia:

  • Distribuye el trabajo teniendo en cuenta tus circunstancias. Es posible que haya un momento determinado del día en el que te sientas más relajado o motivado, así que procura reservarlo siempre para escribir. Cuando te dispongas a organizarte la jornada, ten en mente qué partes de tu libro requieren de mayor creatividad/reflexión y qué partes crees que te saldrán con más facilidad. Reserva los tramos complicados de la historia para los momentos en los que te resulte más fácil concentrarte y los más sencillos para las sesiones de escritura que tengas que llevar a cabo en momentos de mayor cansancio o estrés.
  • Escribe un diario con regularidad. Lo importante en este caso no será el contenido, sino la constancia. Esto es precisamente lo que hacía Leo Tolstoy para asegurarse de no perder la rutina.
  • Experimenta hasta encontrar lo que mejor te funcione. Ernest Hemingway escribía de pie; Mark Twain mientras fumaba puros; Edith Sitwell se tumbaba en un ataúd abierto antes de empezar; Stephen King a veces bebía tanto que ni siquiera recuerda haber escrito Cujo… No todos funcionamos de la misma forma.

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  • Apúntate a concursos literarios de vez en cuando. Aparte de las oportunidades que ofrecen (muchos autores nunca llegarían a publicar de manera tradicional de no ser por haber adquirido cierta notoriedad al haber ganado uno) fomentan la disciplina, puesto que participar en uno supone ceñirse a una fecha límite. Puede que a priori no te guste la idea, quizá te parece que las probablidades de ganar son nulas, pero recuerda que el cometido no es necesariamente resultar elegido, sino obligarte a crear un hábito positivo y sacar el trabajo adelante en un plazo de tiempo razonable. Piensa que quizá, en caso de no presentarte, jamás llegues a terminar de escribir tus historias por pura dejadez.
  • Inscríbete en talleres literarios. Te tocará lidiar con aspirantes a escritores endiosados y soportar críticas que posiblemente te hundirán en la miseria y en muchos casos serán completamente subjetivas, pero te curtirás de cara a lidiar con editores (e incluso críticos literarios en un futuro), superarás la vergüenza y te obligarás a escribir con asiduidad.

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