Puntos clave de la memoria y del ensayo personal

A veces nos percatamos de la existencia de algún sentimiento o hecho importante de una forma un tanto extraña. Puede que sea la clave de nuestra memoria y, sin embargo, no sepamos cómo narrarlo porque no entendemos por qué aquello afloró justo en el preciso instante en que lo hizo y al ir a plasmarlo en papel no sepamos cómo presentarlo. La solución es escribir sobre ello hasta encontrar una explicación, no hay ningún inconveniente en dejar claro que mucho de lo que hemos vivido escapa a nuestro entendimiento. El lector de memorias busca leer algo personal y real, al fin y al cabo, no una historia perfectamente orquestada; se mostrará comprensivo ante nuestras dudas. Más que de presentar una historia se trata de compartir con los demás el impacto que una serie de acontecimientos tuvieron sobre nosotros.

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Pero debemos tener en cuenta que, mientras que en una memoria podemos hacer partícipe al lector de nuestras digresiones, en un ensayo hay que tener todas las incógnitas resueltas y ordenadas en la cabeza antes de ponerse a escribir, ya que al contar con una extensión reducida no se nos permite irnos por las ramas con la introspección. Aún así, en un ensayo la clave de la historia debe ser revelada hacia el final. Si la desvelamos antes lo destrozaremos. Puesto que el ensayo es breve, hay que procurar mantener al lector en vilo todo el tiempo. A susodicha clave la sigue muy de cerca la resolución. Pero no nos basta con comunicar al lector que nos hemos dado cuenta de algo, sino que tenemos que demostráselo con acciones.

Pero, pese a la brevedad del ensayo, debemos preocuparnos de recrearnos cuanto sea necesario en la narración. No tenemos margen suficiente para explorar toda nuestra mente en papel, pero sí para introducir las florituras requeridas para que el lector pueda considerarla atractiva. Dos personas pueden contar la misma historia, pero habrá quien narre los hechos como quien cuenta una anécdota yendo en el metro, y habrá quien se preocupe de estructurarla, mimarla y hacerla atractiva para el receptor. Muchas veces la importancia no radica en lo que se cuenta, sino en cómo se cuenta. Hay un montón de historias con la misma base; por ejemplo, ¿no viene a ser West Side Story una versión contemporánea de Romeo y Julieta?. Pocas temáticas novedosas nos quedan por desarrollar a estas alturas. Sin embargo, se siguen escribiendo libros y rodando películas constantemente porque los autores saben tratar las historias desde perspectivas muy diferentes, tanto que logran transformarlas por completo creando algo original pese a compartir características con algo que ya existía desde hacía tiempo.

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