Temática, tono, influencias, puntos fuertes…

En el último post hablaba brevemente de la perspectiva desde la que se escribe una historia. Y es que al escribir, más que sobre la temática, conviene pensar en el ángulo de la misma. Dos personas pueden escribir una historia de amor; la de una puede ser empalagosa y la de otra ácida; el tema principal será el mismo, pero la forma de tratarlo no se asemejará en nada.
Tanto para encontrar la temática como para averiguar qué cariz es el adecuado puedes hacer un breve ejercicio que consiste en escribir lo que en ese momento piensas que podría ser el último párrafo, o hablar de tus dudas sobre la memoria que quieres escribir con alguien; ni siquiera es necesario que la otra persona te escuche, tan solo con decir lo que piensas en voz alta en ocasiones verás las cosas un poco más claras.

Elegir bien el tono de tu memoria y ceñirte a él es increíblemente importante. En la escritura, así como en la conversación, éste puede ser pedante, sarcástico, amargo, alegre… Sea cual sea, es imprescindible que lo mantengas sin desviarte. Si estás escribiendo en clave de comedia no puedes permitirte que la cosa se ponga demasiado seria al tocar temas más duros.
Si escribes un párrafo que refleja fielmente el tono con el que quieres continuar, recórtalo y ponlo en un lugar visible para poder releerlo cuando sientas que estás perdiendo la orientación. También es recomendable leer algo del estilo de lo que pretendes escribir antes de sentarte a hacerlo, puesto que inconscientemente te quedarás con él y se reflejara en tu trabajo aunque no te lo propongas.

Confirmado: lo que lees te influye a la hora de escribir.

Confirmado: lo que lees te influye a la hora de escribir.

Conforme aprendes a escribir memorias, identificas cuáles son tus puntos fuertes y tus puntos débiles. Igual te encuentras con que escribes muchísimas escenas porque es lo que mejor se te da y, por tanto, lo que más disfrutas. Pero debes esforzarte por hacer hincapié en aquello que no dominas tanto con el fin de mejorarlo. Lo que hace de tu memoria una buena historia es la combinación de todos los elementos; haciendo uso únicamente del que mejor dominas difícilmente lograrás enganchar al lector. Con la práctica aprenderás a combinarlos sin tan siquiera pensarlo.

Cuatro preguntas clave

¿Sobre qué escribir?

Debemos ser cuidadosos al escoger los temas centrales de nuestras memorias. Una forma eficaz de elegirlos acertadamente es pensar en los acontecimientos de nuestra vida que realmente nos cambiaron de alguna forma, que tuvieron un profundo impacto en nuestra existencia. Tenemos que buscar la catarsis.
Seguramente recordemos un montón de anécdotas vistosas, pero si las analizamos nos daremos cuenta de que la gran mayoría no fueron más que eso: vivencias llamativas que no cambiaron el rumbo de nuestra vida ni influyeron en nuestra forma de ser. Y, aunque hay que desecharlas como temas centrales, sí que es aconsejable incluirlas en la historia como lo que son: anécdotas secundarias.

¿Cómo escribir?

Una vez escogido el tema central, pasamos al “problema” de cómo estructurar la historia. Todos conocemos de sobra el esqueleto de toda historia de ficción narrada de manera convencional: el protagonista quiere algo que no puede tener, intenta conseguirlo, se le presentan unos cuantos impedimentos por el camino y, finalmente, la historia se resuelve con el personaje principal transformado. Pues la memoria y el ensayo no son casos aparte, por lo que esta estructura básica nos servirá de guía a la hora de escoger qué contar y cómo contarlo. Es cuestión de tener en mente los elementos clave: personaje, conflicto, lucha, transformación y resolución.

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¿Cómo arrancar?

Tenemos la opción de abrir la historia presentando a un personaje. No es necesario que lo hagamos describiendo su físico y su carácter; de hecho es mucho más eficaz presentarlo en acción y dejando que el lector saque sus propias conclusiones.
También es posible empezar hablando de un sitio que esté estrechamente ligado a la historia. Podemos limitarnos a describir el lugar estáticamente, o señalando sus caracterísiticas a medida que nuestro personaje vaya avanzando por el mismo.
Éste será un principio estático, ya que nos tomamos la narración con calma; presentamos al personaje, describimos el tiempo, el lugar en el que se desarrolla la historia… En un principio con movimiento, sin embargo, entraremos de lleno a la acción; permitiremos que el lector vea lo que está ocurriendo desde el comienzo y le obligaremos a hacerse preguntas sobre lo que está pasando.

¿Cómo encontrar tu voz?

Puede decirse que un autor ha conseguido encontrar su voz cuando esta logra ser reconocible. Aunque un escritor de ficción hable a través de diferentes personajes, su estilo siempre queda patente. Básicamente, eso es la voz: una seña de identidad. El hecho de escribir memoria no es excusa para no buscarla, nuestra narración ha de tener tanta personalidad como cualquier trabajo de ficción.
Encontrar nuestra voz es sumamente importante. A partir de ella el lector podrá deducir si nuestras memorias son cómicas, dramáticas, etc. Además, aunque nuestra temática ya haya sido tratada infinidad de veces antes, es posible que simplemente gracias a nuestra voz nuestra historia resulte novedosa. Como decía Jack Kerouac “no es lo que escribes, sino cómo lo escribes”.
Dejemos que vaya emergiendo con naturalidad, no la forcemos. Y, sobre todo, no intentemos copiar la de otros.

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