Atractivos, falsas creencias y la importancia de una buena estructura

Quien escribe sobre su vida comparte con sus lectores cosas que el común de los mortales se guardaría; crea en ellos cierta sensación de complicidad al conseguir que se sientan como si se les estuviese hablando directamente. La cercanía que transmiten las memorias no es equiparable a la de ninguna obra de ficción.
Otro atractivo de las memorias radica en que su contenido es indiscutible. Lo que se narra es una realidad, por muy increíble que pueda llegar a parecer (es bien sabido que la realidad, en infinidad de casos, supera a la ficción). Ese sentimiento de que lo leído es poco factible no tiene cabida en el género. Los autores de memorias tienen allegados con los que compartieron las experiencias que leemos, con lo cual les es imposible mentir sin ser descubiertos.
Además se trata de un género muy amplio, ya que una memoria puede hablar sobre cualquier tipo de experiencia vital. Mientras que algunas destacan por su valor histórico -como, por ejemplo, la Trilogía de Auschwitz, del superviviente Primo Levi- otras simplemente se limitan a entretenernos durante un rato -como Diario de una Stripper, de la afamada guionista Diablo Cody-.

Pero no todas las razones para escribir memorias son igual de atractivas. Y es que este género, al igual que el de la ficción, no es nada sin buenas estructuras. Con el auge de los blogs y el desconocimiento de la memoria que existe en España, tendemos a crearnos una idea equivocada. Escribir una memoria difiere completamente de escribir, por ejemplo, un blog de temática personal. Al mostrarse los autores de memorias tan próximos al lector en sus líneas, uno llega a tener la sensación de que se escribieron sin esfuerzo, pero para nada es así. No hay que confiarse; que de antemano conozcamos el contenido de lo que será nuestra obra, no significa que nuestra tarea consista en teclear anécdotas sin esfuerzo tal cual nos parezca. La importacia de dotarla de una buena estructura será vital.
Los lectores se quedan con las anécdotas y la estructura a menudo pasa desapercibida porque a priori no es igual de tangible, pero lo cierto es que una sucesión de anécdotas escritas sin ton ni son, por muy llamativas que sean, no valen nada. Es necesario saber cómo encajar todas las piezas para crear una narración competente.

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Para experimentar con la estructura y desvelar sus misterios, antes de sumergirse de lleno en la escritura de una memoria, es aconsejable ir trabajando en pequeños ensayos autobiográficos; de una longitud de entre 900 y 1500 palabras más o menos. En este caso debemos ser capaces de centrarnos en una sola experiencia muy concreta para cada uno de ellos, sin ramificaciones que puedan llevarnos a distanciarnos de la temática a tratar. Tenemos que ser capaces de exponer el asunto escogido de forma ordenada en la extensión que nos hemos propuesto. Es posible que al principio pensemos que vamos a centrar el ensayo en un tema y acabemos necesitando volver a empezar porque a mitad de camino nos percatemos de que realmente queremos escribir sobre otro. No pasa nada; si en un momento dado vemos que el contenido del texto está alejándose demasiado del que teníamos en mente inicialmente, entonces es preferible comenzar de nuevo con la finalidad de enfocar el texto de otra forma.

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